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Chema Madoz, protagonista de la quinta edición de Miradas de Asturias

Publicado el 28 de julio de 2017

Chema Madoz, protagonista de la quinta edición de Miradas de Asturias

Hoy dedicamos esta entrada de nuestro blog a descubrir algunas de las claves de la fotografía de Chema Madoz quien, de la mano de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, expone en el Museo de Bellas Artes de Asturias hasta el próximo 3 de septiembre El viajero inmóvil, quinto proyecto de la serie Miradas de Asturias.

Miradas de Asturias es una iniciativa de largo recorrido de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson para promover, desde el mecenazgo, la creación de un fondo de obra inédita inspirada en Asturias y sus gentes, a partir de la visión íntima y personal de prestigiosos fotógrafos invitados. De este modo, y partiendo de un respeto absoluto por la libertad creativa de cada invitado, se genera una ambiciosa dinámica, materializada por la singular mirada de cada uno de los fotógrafos, que son seleccionados entre los galardonados con el Premio Nacional de Fotografía.

En pasadas ediciones han participado en Miradas de Asturias Alberto García-Alix (Patria Querida, 2012) José Manuel Ballester (Allumar, 2013), Ouka Leele (A donde la luz me lleve, 2014) y Joan Fontcuberta (ARSTUSIA, 2015), dando lugar a proyectos muy diferentes, al igual que cada uno de los artistas que los protagonizan. Son, como ha señalado la propia Fundación, cinco miradas diametralmente diferentes unas de las otras, pues cada cual tiene una manera muy personal de representar el mundo y de exponerlo.

En el caso de Chema Madoz (Madrid, 1958) este proyecto se ha traducido en una serie de 34 fotografías de distintos tamaños (positivadas en blanco y negro sobre papel baritado virado al sulfuro) y 1 vídeo, que son las que integran la exposición El viajero inmóvil (2016).

Casa de los millonarios

Chema Madoz, © Fundación María Cristina Masaveu Peterson. Fotografía: Eduardo López.

Chema Madoz es uno de los fotógrafos españoles más destacados del panorama nacional e internacional actual y, al igual que sus compañeros, Premio Nacional de Fotografía (2000). Aunque en origen estudió Historia en la Universidad Complutense y trabajó en una oficina bancaria, pronto se orientó hacia la fotografía, asistiendo a diversos cursos y escuelas en Madrid. En 1985 realizó su primera exposición monográfica, y desde entonces ha venido desarrollando una fotografía muy personal, vinculada al Surrealismo y a la Poesía Visual, que cuestiona la realidad e invita al espectador a la observación, la reflexión y a descubrir la poesía oculta en los objetos.

En su obra el protagonista absoluto es el objeto o, mejor dicho, los objetos, pues normalmente se centra en el diálogo casual entre dos objetos (encontrados, manipulados o inventados), que se enfrentan y pervierten mediante los recursos del medio fotográfico para generar imágenes sugestivas, poéticas y visualmente muy bellas, no exentas de humor. Juega además con sus escalas y sus propiedades físicas, alterando aparentemente incluso las leyes de la naturaleza, como por ejemplo la de la gravedad.

Estos objetos, fotografiados con cámara de medio formato, se presentan en escenarios austeros iluminados con luz natural, algo que consigue acentuar la veracidad de los mismos y desnudarlos de todo artificio. Sus composiciones, además de austeras, suelen estar marcadas por las leyes de la simetría.

Como señala Borja Casani, comisario de El viajero inmóvil, el inicio de su particular aventura con cada una de las piezas puede ser la elección de una cosa que está a la vista de todos, el boceto de una idea dibujada en un cuaderno para la que debe encontrar una resolución física, o una idea que sólo puede existir en su imaginación porque es irrepresentable hasta que no está construida.

Por otro lado, la resolución en blanco y negro aporta también una cierta distancia melancólica del espectador con la fotografía. La escala de grises convierte a las cosas en sombras, en testigos de un instante efímero pasado y detenido.

Todo ello hace que las imágenes de Madoz, dotadas siempre de una fuerte carga icónica, se caractericen, según Casani, por tres elementos o notas fundamentales: la naturalidad, puesto que parten de lo natural; la precisión y la elegancia, características todas ellas que se aprecian en la serie El viajero inmóvil.

Chema Madoz. Serie El viajero inmóvil, 2016. Miradas de Asturias, 2017. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson. Colección de Arte Fundación María Cristina Masaveu Peterson. Fotografía positivada en blanco y negro sobre papel baritado virado al sulfuro.

Chema Madoz. Serie El viajero inmóvil, 2016. Miradas de Asturias, 2017. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson. Colección de Arte Fundación María Cristina Masaveu Peterson. Fotografía positivada en blanco y negro sobre papel baritado virado al sulfuro.

Chema Madoz. Serie El viajero inmóvil, 2016. Miradas de Asturias, 2017. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson. Colección de Arte Fundación María Cristina Masaveu Peterson. Fotografía positivada en blanco y negro sobre papel baritado virado al sulfuro.

Chema Madoz. Serie El viajero inmóvil, 2016. Miradas de Asturias, 2017. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson. Colección de Arte Fundación María Cristina Masaveu Peterson. Fotografía positivada en blanco y negro sobre papel baritado virado al sulfuro.

 

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