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Juan Vallaure. Arquitecto moderno

Publicado el 14 de abril de 2017

Juan Vallaure. Arquitecto moderno

La década de 1950 supuso un tiempo esperanzador para muchos de los arquitectos nacidos a principios del pasado siglo XX. Fue un momento de ruptura, renovación y puesta al día que afectó de lleno al panorama edilicio de entonces y que para Asturias supuso una verdadera edad de oro. Así la muestra nuestra actual exposición temporal Una edad de oro: Arquitectura en Asturias 1950-1965, en la que se incluye uno de los arquitectos más diligentes y respetados del momento: Juan Vallaure Fernández-Peña.

En el año 2008 la familia del arquitecto depositaba en el Museo de Bellas de Asturias su archivo personal. Desde entonces ha permanecido en él siendo objeto de diferentes consultas y estudios que, progresivamente, han ido arrojando un poco de luz sobre una de las personalidades arquitectónicas más interesantes del panorama asturiano. Pero ¿quién era Juan Vallaure Fernández-Peña?

Juan Vallaure nació en 1910 en Oviedo, ciudad en la que vivió el grueso de su vida y en la que dejó un legado pétreo extraordinario que es hoy, sin duda, uno de los grandes reclamos arquitectónicos de la Asturias moderna de mediados del siglo XX. En este sentido, a lo largo de las décadas centrales de la pasada centuria, Juan Vallaure gozó de su mayor esplendor profesional llevando a cabo un elevado número de inmuebles residenciales en las principales ciudades de la provincia así como una cuantiosa cantidad de intervenciones comerciales, hosteleras y de ocio que dieron fama y prestigio a su persona. Algo que, por otro lado, no fue casual ni baladí sino la merecida consecuencia de su severa entrega a la profesión y, como no, de su apuesta por una modernidad arquitectónica que representase el momento vital de una sociedad y cultura concretas. Sin embargo, no toda la obra de Vallaure responde a estos preceptos modernos, tan aclamados y reformadores por otro lado, sino que éstos suponen la consecución de su propio recorrido, de ahí lo interesante de su apuesta.

Tras finalizar sus estudios en Madrid en 1940, Vallaure regresó a su tierra natal donde comenzó su aventura profesional trabajando en el Dirección General de Arquitectura desde la Dirección de Regiones Devastadas. Allí llevaría a cabo distintas reconstrucciones, principalmente de templos eclesiásticos, así como obras de nueva planta tan conocidas como el edificio para el Gobierno Militar ubicado en la ovetense plaza de España. Junto a este tipo de intervenciones, Juan Vallaure también acometió sus primeros encargos particulares. En ellos quedaría reflejado un estilo de corte clásico y gran sencillez, totalmente austero y contenido y que vemos muy bien reflejado en inmuebles de la capital asturiana como el emplazado en la calle Cabo Noval, número 7 (1948) o el situado en la calle Cervantes número 12, proyectado un año después.

Estas obras supusieron el preludio a toda una mutación estilística que el arquitecto llevó a cabo a partir de la década de 1950 y que coincidió con el buen hacer de todo un grupo de profesionales, conocido con el tiempo como la generación de 1939, y que hicieron de Asturias una de las provincias que más fuerte apostó por la modernidad en el discurso urbanístico que configuró sus ciudades.

Fue concretamente el año de 1952 cuando Juan Vallaure marcaba un hito dentro de su carrera. Por entonces el arquitecto proyectaba una de las edificaciones más decisivas de su trayectoria: un edificio de viviendas en el número 10 de la calle Melquiades Álvarez (Oviedo) y que debemos entender como el puente que marcó el inicio hacia una anhelada modernidad. Una obra que sirvió de transición a un continuar totalmente diferente a lo proyectado hasta entonces y que, como no, se entregó de lleno al hacer moderno.

1952 — en Melquiades Álvarez 10, Oviedo

A partir de entonces fueron muchos los grandes ejemplos que a este respecto debemos señalar. Desde locales de ocio como el Kopa Club (1959) o el ya desaparecido Cine Ayala (1954), hasta edificios tan vanguardistas y valientes como los emplazados en la calle Argüelles (números 7-9) concebido en 1957, el ubicado en Uría esquina Gil de Jaz (1957) o el mítico y colorista proyectado en Alcalde García Conde, número 5 (1960).

Todos ellos muestran el lado más fresco y arriesgado del arquitecto asturiano poniendo al descubierto su mayor apuesta y evidenciando, por lo tanto, su gran victoria. Por todos ellos, a día de hoy se considera a Juan Vallaure como uno de los arquitectos más importantes y decisivos en el devenir de la arquitectura asturiana de mediados de la pasada centuria. Un arquitecto que, en definitiva, debemos situar dentro de esa generación de profesionales que apostaron por romper con la línea historicista impuesta por el régimen tras la contienda civil en favor una modernidad llena de optimismo y color. Aportaciones que trajeron una frescura totalmente necesaria a una Asturias que si no se hubiera mantenido gris y estática ante los cambios que la sociedad comenzaba y reclamaba experimentar.

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