Pintura

Pintura

Antonio Suárez (Gijón, 1923-Madrid, 2013)

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Fecha de ejecución:

1958

Técnica:

Óleo sobre lienzo

Medidas:

114 x 145 cm

Procedencia:

Adquisición, 1999

La progresión del pintor Antonio Suárez (Gijón, 1923-Madrid, 2013) hacia el arte abstracto se advierte ya en torno a 1955, cuando el artista realizó una serie de trabajos sobre papel en los que apuntaba esta orientación. Aunque sus monotipos ejecutados al año siguiente la reafirmaron, no fue hasta 1957, con su participación en el nacimiento del grupo El Paso, cuando su obra abrazó definitivamente esta nueva modalidad de expresión, revolucionaria en el contexto del arte español de posguerra.

Este cuadro, que estuvo presente en la XXIX Bienal de Venecia, la cual consagró a los miembros de ese colectivo de artistas, es un buen ejemplo de esos primeros años de singladura abstracta. Sobre un fondo dominado por gamas frías aplicadas mediante veladuras de grises, marrones y blancos, aparecen flotando un conjunto de manchas para cuya definición el artista se sirve de colores como el rojo, el azul y el dorado. Así, frente a la gravedad y fiereza del expresionismo abstracto de sus compañeros de El Paso, la obra de Suárez siempre se ha caracterizado por una búsqueda de la elegancia y el refinamiento cromático. Javier Barón ha llegado incluso a señalar la resonancia mágica que concretamente le confieren esas manchas a esta pieza. De igual modo, ya comienza a apreciarse en obras como ésta la obsesión del artista por generar un núcleo, en este caso desplazado un poco hacia la derecha, a partir del cual poder articular el resto de la composición. Los márgenes de la tela, casi siempre más liberados, arropan en este caso una especie de estructura circular en la que se concentra una luminosidad bastante difusa, próxima a la ensoñación, que parece emerger de lo más hondo del cuadro.

Pintor intuitivo, siempre reacio a ejecutar cualquier clase de estudio preparatorio o boceto para sus cuadros, la obra de Antonio Suárez ha hecho del juego con la materia y el color, más allá de las anécdotas figurativa que en ocasiones puedan aparecer en su producción, el verdadero centro de su trabajo. En este caso, se trata de su preocupación por los ritmos cromáticos, que transmiten un delicado lirismo, lo que constituye el eje de su reflexión.