Salix

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Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929-2007)

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Fecha de ejecución:

1982

Técnica:

Acero

Medidas:

114 x 54 x 31 cm

Procedencia:

Adquisición, 1983

Las primeras esculturas en acero de Joaquín Rubio Camín (Gijón, 1929-2007) datan de 1961. Habrían de pasar dos o tres años, a lo largo de los cuales el artista alternó esta disciplina con la práctica de la pintura que venía desarrollando desde finales de la década de 1940, para que esta nueva dedicación se convirtiera en exclusiva. Ya desde sus primeros compases, se observó en el creador gijonés un interés por jugar con las líneas, los volúmenes y el desarrollo espacial que podían tener sus figuras, aunque éstas comenzaran mostrando un marcado signo mural que poco a poco fue abandonando. Alentado por el contacto con Jorge Oteiza, también es cierto que Camín vio pronto en el angular o diedro la forma a partir de la cual podía articular todas sus composiciones. El corte, la doblez y la soldadura del material se convirtieron a partir de este momento en los tres gestos técnicos con los que pasó a trabajar el acero o el hierro. De ellos parte todo un conjunto de posibilidades que impiden caer a estas obras, a pesar de su evidente sencillez y elementalidad, en la repetición y la monotonía.

Como ha señalado María Soledad Álvarez, la obra de Joaquín Rubio Camín sobre metal se ha caracterizado por el tránsito de un barroquismo inicial a una mayor depuración formal o clasicismo. En el alto grado de despojamiento y esencialidad que manifiesta, la pieza que ahora nos ocupa podría ser un buen ejemplo de esta última fase. Así, frente al abigarramiento y a las tensiones dinámicas que mostraban las obras de su primera etapa, ésta destaca por la limpieza con la que se encuentran definidas las formas y la consiguiente claridad de su contemplación. La obra, interpretación abstracta de un sauce, está concebida como una sencilla concatenación de módulos, en los que todo parece estar perfectamente medido y proporcionado. Esto es lo que impide a esta clase de trabajos caer en la pesantez y combinar, en cambio, solidez y ligereza, esta última concentrada en las armónicas proyecciones perpendiculares al eje central de la pieza en su parte superior. Por otra parte, el desarrollo vertical de la escultura reafirma esa otra dimensión arquitectónica, totémica y columnaria que a veces se ha atribuido al trabajo de este artista. En él muy pocas veces hay frialdad, como podría ser lo propio de una escultura vinculada a las corrientes de la geometría analítica.

Escultura dotada de un fuerte grado de experimentación formal y espacial, Camín tiene la costumbre de realizar pequeñas maquetas en cartulina de sus piezas antes de trasladarlas a sus dimensiones finales.