El Campeón, 1910, de Nicolás Soria

El Museo de Bellas Artes de Asturias ha presentado esta mañana su nueva Obra invitada para los meses de abril a agosto de 2018. Se trata del cuadro de Nicolás Soria titulado El campéon, pintado en 1910 y prestado para la ocasión por la familia avilesina del artista.

Nicolás Soria González, segundo hijo de Policarpo Soria, patriarca de una familia de artistas que se había iniciado con su padre Nicolás a principios del siglo XIX y que se prolongará aún en una tercera generación, nació en Avilés el 12 de agosto de 1882. Las primeras instrucciones artísticas, al igual que sus hermanos Jesús, Florentino, Marino y Manuel, provendrán de su padre y las ampliará en la Escuela de Artes y Oficios hasta que en 1899, junto a su hermano Jesús, se desplaza a Madrid para estudiar en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado. Allí, entre otros destacados artistas, recibirá lecciones de Luis Menéndez Pidal, Moreno Carbonero, Cecilio Plá, Muñoz Degrain y Alejo Vera.

Finalizada su carrera, en la que obtendrá algunos de los premios especiales que se concedían en las distintas asignaturas, se presenta a las oposiciones al cuerpo de profesores de Enseñanza Media, ganándolas con el número uno y siendo destinado como catedrático de Dibujo al Instituto de Segunda Enseñanza de Murcia hasta que, en 1912, logra el traslado al de Oviedo en el que permanecerá hasta su fallecimiento. Algunos críticos señalarán que esa dedicación a la docencia va a impedirle la adaptación de su pintura a las nuevas maneras que ya empezaban a aflorar, cierto que tímidamente, en algunos de sus contemporáneos.

Desde su primera presencia en 1901 fue asiduo participante en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, en las que obtuvo tres menciones honoríficas en las de 1904, 1906 y 1908, una tercera medalla en la de 1920 y una segunda medalla en la de 1926. También concurrió a la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. En 1920, en unión de otros profesores e intelectuales, contribuyó a la creación del Centro de Estudios Asturianos, del que fue su primer tesorero. En 1928 fue nombrado Académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Falleció en Oviedo el 28 de agosto de 1933.

Nicolás Soria. El Campeón, 1910. Colección particular

Nicolás Soria. El Campeón, 1910.Colección Familia Soria, Avilés.

Su obra pictórica, deudora de su tiempo y de su ámbito, no es todo lo conocida que se merece aunque la mayoría de críticos coetáneos la respetasen y, en algunos casos, la admirasen. En Asturias, y de manera especial en Avilés, se le consideró como el abanderado de la generación de artistas surgidos en los años 20 del pasado siglo. Quizá por ese su especial interés en las Exposiciones Nacionales y por la búsqueda de las ansiadas medallas –galardones tan valorados en la época- gran parte de su obra, especialmente la de gran formato, peca de una cierta grandilocuencia y teatralidad. Es, sin duda, una deuda de la normativa decimonónica que le hace crear un poco a destiempo de lo que ya comenzaba a vislumbrarse pero, aún así, lo hará siempre desde un trabajo cuidadoso, detallista, metódico y justo en sus valoraciones tanto dibujísticas como cromáticas. En ese apartado encajarían obras como El último homenaje (1901), In articulo mortis (1904), La Huelga (1924), La galerna (1926) y Al Carmen (1929).

Por el contrario aquellas de sus pinturas más íntimas, frecuentemente retratos de miembros de su propia familia, autorretratos o composiciones con pocas figuras, tienen ese componente inaprensible -podríamos llamarlo alma- que solo determinados artistas saben insuflar a sus obras. Él mismo, en uno de sus textos, dice que “el arte no es, en manera alguna, falsificación de la naturaleza” y eso parece querer transmitirnos en esas pinturas más serenas y recogidas aún cuando algunas de ellas, por sus dimensiones, pudieran hacer caer en tentaciones episódicas al artista. Es lo que ocurre en Blanquita (1906), La nieta (1906), Retrato de Jesús y Josefa Soria (1910), Hijos de los Marqueses de Ferrera (1908) y Los nuevos esposos (1920). Pero especialmente esas características van a ser palmarias en la obra invitada que nos ocupa y en la que, es indudable, podemos ver el alma: El campeón (1910).

El campeón, para el momento en que lo realiza, es un atrevido retrato de un ciclista que no es otro que su hermano pequeño Manuel –uno más de los componentes de la larga saga familiar de artistas- y resultará ser una pintura paradigmática entre ese grupo de obras más sobrias y naturalistas. En ella se ve un ciclista posando de frente, con la mano derecha en la cintura y la izquierda sujetando la bicicleta. Ésta no se representa al completo, de la misma manera que al deportista le faltan los pies, lo que puede resultar chocante por la importancia que en ese deporte tienen ruedas y pies pero que no hacen más que valorar lo verdaderamente importante para el autor: retratar con fidelidad fraternal a un atleta bien musculado y concentrado en su serenidad.

Al igual que en otras obras suyas la figura se recorta sobre un paisaje, en este caso brumoso, casi apocalíptico, en el que se contempla una carretera en ascenso y unas lejanías de montañas iluminadas entre el rompiente celaje. La pincelada detallista de la figura contrasta vivamente con el tratamiento en torbellino de todo el fondo que no hace sino simbolizar lo que de gesta tiene -y más en la época en la que competía el retratado- el deporte de las dos ruedas.

Todo el conjunto de la obra tiene un tanto de épico, con la luz irrumpiendo por la derecha del retratado y pese a saber que la estrella que luce en pecho del deportista es la que corresponde al maillot de Ciclos Sanromá de Barcelona, quiero seguir fiel a una interpretación simbólica de ese elemento: educación y elevación. Ambas cualidades le eran propias al retratado y eso podría querer decirnos el pintor colocándola en el centro de la mirada. Al fin y al cabo, por tradición familiar, también eran las suyas.

En cuanto al lienzo, se expondrá hasta el próximo 5 de agosto en la sala 20 de la pinacoteca, ubicada en la primera planta del edificio de Ampliación, y en torno a él habrá un programa complementario de actividades, que incluirán visitas guiadas, talleres para familias y una conferencia.

 

Ramón Rodríguez.

Arte y Mito. Los Dioses del Prado

El Museo de Bellas Artes de Asturias acoge desde el mes de marzo la exposición  temporal Arte y Mito. Los dioses del Prado, organizada por el Museo del Prado y la Obra Social “la Caixa”, con la colaboración del Museo de Bellas Artes de Asturias.

Es esta una ocasión única para que el público asturiano pueda disfrutar en las salas de exposiciones temporales del Edficio de Ampliación de una parte del Museo del Prado, incluido el nivel museográfico y de producción, fruto de la colaboración con la Obra Social la Caixa, que ha implementado la muestra mediante la preparación de un cuidado y amplio programa educativo.

La exposición despliega el argumentario de la mitología clásica a través de una extraordinaria selección de 31 pinturas, 17 esculturas y 2 medallas. Entre los autores representados están Ribera, Rubens, Zurbarán, Corrado Giaquinto o Martínez del Mazo con magníficos trabajos. Si bien la exposición prosigue un sentido cronológico, se agrupa a su vez en hilos temáticos asociados a los textos griegos.

La muestra, que contará con un programa de actividades de difusión y educación específico, se podrá ver en las salas de exposiciones temporales del nivel -1 de la Ampliación hasta mediados del mes de junio.

 

Obra de Dionisio González

Arte y Mito. Los Dioses del Prado.

Obra de Dionisio González

Arte y Mito. Los Dioses del Prado.

Obra de Dionisio González

Arte y Mito. Los Dioses del Prado.

Obra de Dionisio González

Pedro Pablo Rubens. Diana cazadora, hacia 1617-1620 © Madrid, Museo Nacional del Prado.

Obra de Dionisio González

Francesco y Luigi Righetti. Las tres gracias, S. XVIII © Madrid, Museo Nacional del Prado.

Obra de Dionisio González

Leone Leoni. Carlos V / Júpiter fulminando los gigantes, 1549 © Madrid, Museo Nacional del Prado.

Obra de Dionisio González

Taller neoático, Éxtasis dionisiaco, 50-40 a. C. © Madrid, Museo Nacional del Prado.

Obra de Dionisio González


Jan Cossiers, Narciso, 1636-1638 © Madrid, Museo Nacional del Prado.

 

 

Exposición organizada por el Museo Nacional del Prado y la Obra Social ”la Caixa”,
con la colaboración del Museo de Bellas Artes de Asturias.

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Donación de Plácido Arango Arias al Museo de Bellas Artes de Asturias

La Donación de 33 obras efectuada en 2017 por Plácido Arango Arias al Museo de Bellas Artes de Asturias supone un extraordinario enriquecimiento de sus colecciones tanto de pintura antigua como arte contemporáneo.

El fondo incluye obras vinculadas a la historia del arte español de los siglos XV al XX, siendo la más antigua de 1485 y la más reciente de 1992. Dieciocho de los artistas incorporados permanecían inéditos hasta el momento en las colecciones de pintura del Museo, mientras que cuatro estaban representados mediante depósitos de colecciones públicas o particulares y seis ya figuraban en los fondos. De este modo, la donación permite, por un lado, paliar lagunas existentes en las colecciones del Museo y, por otro, reforzar de manera excepcional lo ya presente.

Entre los pintores hasta ahora no representados destaca la incorporación de obras maestras de artistas como Diego de la Cruz, Juan de Juanes, Juan Pantoja de la Cruz, Bartolomé González, Juan van der Hamen, Jerónimo Jacinto Espinosa, Juan de Valdés Leal, Antoni Tàpies, Manuel Millares y Eduardo Arroyo, entre otros. También es de reseñar la presencia de esculturas de autores contemporáneos como Juan Muñoz y Cristina Iglesias.

Por otro lado, entre los artistas ya representados en la colección, el Museo se enriquecerá substancialmente con la incorporación de obras destacadísimas de pintores como Juan Correa de Vivar, Luis de Morales, Francisco de Zurbarán, Genaro Pérez Villaamil, Ignacio Zuloaga y José Gutiérrez Solana, entre otros.

La exposición que ahora se programa supone una ocasión excepcional para que el público se familiarice con tan significativo conjunto de obras de arte, que organizadas según un sentido diacrónico, se exhiben mayoritariamente en la planta baja del Palacio de Velarde, ocupándola en su totalidad, reservándose el atrio del Edificio Ampliación para instalar el magnífico Retablo de la Flagelación (S. XV). Asimismo, las monumentales piezas de Rafael Canogar, Josep Guinovart y Darío Villalba se integran en las salas dedicadas al arte contemporáneo español de la planta segunda del Edificio Ampliación.

La donación de Plácido Arango Arias al Museo de Bellas Artes de Asturias está dedicada a la memoria de sus padres, Jerónimo Arango Díaz y María Luisa Arias Fernández, de origen asturiano.

El Infante P. Bustos de Lara de Francisco Zurbarán

P. Bustos de Lara, hacia 1640-1645
Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos, Badajoz, 1598 – Madrid, 1664)

PROCESIÓN DE COVADONGA, 1851, DE GENARO PÉREZ VILLAAMIL (ÓLEO SOBRE LIENZO, 131 X 181 CM), COLECCIONES REALES. PATRIMONIO NACIONAL. Palacio Real de Madrid

El Programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, bien porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección, bien porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.

Genaro Pérez Villaamil y Duguet (El Ferrol, La Coruña, 1807 – Madrid, 1854) es el más destacado paisajista romántico español, autor que realizó diferentes viajes por Asturias y de quien el Museo conserva en la actualidad 33 obras, entre pinturas, dibujos y estampas.

Esta Obra invitada, procedente de Patrimonio Nacional, establece por tanto un intenso diálogo con otras obras presentes en la colección del Museo de Bellas Artes de Asturias, tanto con las vistas del mismo lugar inmortalizadas por el propio Pérez Villaamil, Martín Rico y Roberto Frassinelli, como con paisajes de distintos lugares salidos de la mano del artista.

Procesión en covadonga, c. 1850-1851, de genaro pérez villaamil

Procesión de Covadonga, 1851, de Genaro Pérez Villaamil (óleo sobre lienzo, 131 x 181 cm), COLECCIONES REALES. PATRIMONIO NACIONAL. Palacio Real de Madrid

 

Según reza la inscripción que figura en el ángulo inferior derecho de la obra, el cuadro fue comenzado en Covadonga (Asturias) el 8 de septiembre de 1850 y terminado en Madrid, en el estudio del pintor, en agosto de 1851. Representa una impresionante vista del paisaje montañoso que rodea el antiguo santuario de Covadonga, del que sale una inmensa procesión. En primer término y rodeando esta escena, multitud de personajes populares ataviados con trajes típicos asturianos aparecen sobre las rocas de las montañas.

LUIS FUMANAL OTAZO, DIRECTOR ARTÍSTICO DE LA FÁBRICA DE LOZA DE SAN CLAUDIO

Luis Fumanal Otazo (1924-1998), director artístico de la fábrica de loza de San Claudio durante el periodo de 1952-1989, consiguió poner a la fábrica ovetense a nivel europeo en la década de 1970, tanto por el diseño formal de vajillas y otras piezas de uso cotidiano, como por la variedad y riqueza de las técnicas decorativas empleadas.

La presente exposición, comisariada por el especialista Marcos Buelga, tiene como objetivo poner de relieve la importancia de esta figura, para la cual se han conseguido reunir toda una serie de piezas y dibujos procedentes, en su mayor parte, del depósito de obras que la familia del artista dejó en su día en el Museo de Bellas Artes de Asturias. A través de ellas pretende mostrarse la interesante contribución hecha por Fumanal desde su puesto de trabajo en Asturias a la cerámica española del siglo XX.

A su llegada a Oviedo en 1952, la fábrica se encontraba en un momento óptimo de expansión, con una buena situación económica y unas instalaciones modernizadas en las que los hornos túnel Kerabedarf acababan de ser construidos. Era pues un momento propicio para que el joven decorador vasco se planteara su asentamiento definitivo, asumiendo el reto de dirigir una fábrica que se disputaba con la Cartuja de Sevilla el primer puesto en la producción nacional de lozas. Fumanal comenzará su labor de dirección siguiendo de cerca la desarrollada por su predecesor, Fernando Somoza Soriano (1927-2006), quien además de asesorarle seguiría trabajando durante algún tiempo como grabador para la fábrica desde su domicilio en Madrid.

Será en la década de 1970 cuando Luis Fumanal inicie el giro más significativo de toda su actividad profesional, modificando sustancialmente el tipo de producto elaborado en San Claudio. El cambio venía a coincidir con otra etapa álgida de la fábrica ovetense pero en último término era el resultado de su madurez como ceramista, precisamente en un momento que podríamos definir como de renacimiento de la loza española. Solo así se explica que, tras una asimilación sorprendente de las nuevas tendencias de la cerámica industrial del momento, que conocía de primera mano por sus viajes a Inglaterra, Francia y Alemania y a la vez por el seguimiento de la labor de sus colegas europeos a través de revistas especializadas como Pottery Gazette, Die Schaulade y otras, la fábrica de San Claudio alcanzase de repente un éxito nacional sin precedentes, acorde al impulso modernizador sostenido durante las dos décadas anteriores y especialmente tras la puesta en marcha del plan de ampliación de 1971.

DIONISIO GONZÁLEZ. CONSTRUIR, HABITAR, EXISTIMAR

Dionisio González (Gijón, 1965) es un fotógrafo y artista multidisciplinar asturiano. En su producción se entremezcla la arquitectura, el diseño, la fotografía y el arte. Licenciado en Bellas Artes (Universidad de Sevilla, 1989), es también doctor por la misma universidad (1999), a la que continuó vinculado como profesor desde la finalización de su carrera. Amplió además su formación en grabado y procesos fotográficos y multimedia en distintas ciudades europeas como Lisboa, Devon (Inglaterra), Edimburgo y Londres.

En su trabajo, desarrollado normalmente en series, Dionisio González reflexiona sobre los modos de habitar la ciudad contemporánea, las formas de vivir del siglo XXI y las relaciones que el hombre establece con el medio. La mayoría de las obras son fotografías, imágenes tomadas in situ por el artista que luego modifica en su estudio digitalmente, en un proceso de re-invención de paisajes suburbanos no exentos de cierto barroquismo. Precisamente en esta misma línea de trabajo indagará este nuevo proyecto, titulado Construir, habitar, existimar, donde se mostrarán series fotográficas ya conocidas aunque nunca vistas en Asturias, como Thinking Central Park, Dauphin Islands y Dialectical Landscapes así como el proyecto de nueva creación Construir, habitar, existimar, que da título a la exposición y que está integrado por varios hologramas, maquetas y fotografías en color y blanco y negro.

González ha recibido importantes reconocimientos internacionales, como el Premio Pilar Juncosa y Sotheby´s, el Premio Fundació Pilar i Joan Miró, el European Month of Fotography Arendt Award (Luxemburgo), etc. Su obra está presente en museos como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Museum of Contemporary Photography, de Chicago y el Centro Nacional de Arte Contemporáneo de París, así como en importantes colecciones privadas.

 

Obra de Dionisio González

Obra de Dionisio González

Obra de Dionisio González

Obra de Dionisio González

Más información en: http://www.dionisiogonzalez.es/index.html

CUCO SUÁREZ. CRÓNICAS GEOPOLÍTICAS

Palacio de Velarde, planta 0

El trabajo de Cuco Suárez (Pola de Laviana, 1961) ha estado desde sus inicios vinculado a la experiencia traumática del cuerpo. Para él la corporalidad, el dolor, la enfermedad y, en último término, el sujeto y la propia identidad, resultan algo socialmente construido, que es necesario interrogar, en su caso a través del arte. Cuco Suárez se sirve también activamente de las tecnologías para construir con ellas sus reflexiones acerca del cuerpo y su disposición, aunque suele mezclarlas con elementos tradicionales del entorno rural.

Basada en sus investigaciones previas y con el referente de proyectos como Inútil (1998), Misterio y evolución (2002) y Miedo total (2004), se presenta ahora la exposición Crónicas geopolíticas, proyecto específico diseñado para el patio y sala de exposiciones temporales del Palacio de Velarde, una de las sedes históricas del Museo de Bellas Artes de Asturias. A través de tres instalaciones de carácter muy diferente (Damocles, Aquí de nuevo y Muro), el artista vuelve a interrogarse sobre el uso y la instrumentalización del cuerpo humano, así como sobre la responsabilidad política en la gestión del mismo.

Toda la exposición juega con la idea de azar y la necesidad, pero en todos los casos aparecen sin embargo, y en contraste con lo anterior, las nociones de dominio, control, programa, crítica alusiva a los intereses geoestratégicos de las multinacionales que operan como verdaderos sujetos de la historia.

Cuco Suárez, Damocles, 2017. Botijos, estampa y luz. Fotografía: Marcos Morilla

Cuco Suárez, Damocles, 2017. Botijos, estampa y luz. Fotografía: Marcos Morilla. © Cuco Suárez, VEGAP, Oviedo, 2017. © Cuco Suárez, VEGAP, Oviedo, 2017.

Cuco Suárez, Damocles, 2017. Botijos, estampa y luz. Fotografía: Marcos Morilla

Cuco Suárez, Damocles, 2017. Botijos, estampa y luz. Fotografía: Marcos Morilla. © Cuco Suárez, VEGAP, Oviedo, 2017. © Cuco Suárez, VEGAP, Oviedo, 2017.

Cuco Suárez, Aquí de nuevo, 2017. Instalación y vídeo Oriente Medio. Fotografía: Marcos Morilla

Cuco Suárez, Aquí de nuevo, 2017. Instalación y vídeo Oriente Medio. Fotografía: Marcos Morilla. © Cuco Suárez, VEGAP, Oviedo, 2017.

Cuco Suárez, Muro, 2017. Instalación interactiva. Muro tradicional de mampostería con proyecciones de programas informáticos. Fotografía: Marcos Morilla

Cuco Suárez, Muro, 2017. Instalación interactiva. Muro tradicional de mampostería con proyecciones de programas informáticos. Fotografía: Marcos Morilla. © Cuco Suárez, VEGAP, Oviedo, 2017.

Cuco Suárez, Muro, 2017. Instalación interactiva. Muro tradicional de mampostería con proyecciones de programas informáticos. Fotografía: Marcos Morilla

Cuco Suárez, Muro, 2017. Instalación interactiva. Muro tradicional de mampostería con proyecciones de programas informáticos. Fotografía: Marcos Morilla. © Cuco Suárez, VEGAP, Oviedo, 2017.

CARLOS CORONAS

El Museo de Bellas Artes de Asturias expone durante los meses de verano de 2017 dos piezas del  artista asturiano Carlos Coronas que, con un montaje específicamente diseñado para este espacio, dialogan combinadas en una única instalación de luz.

El título genérico de Lampyridae se refiere a una serie de obras construidas en los últimos años, constituidas por estructuras poligonales que simulan formas orgánicas de apariencia zoomórfica y que ocupan gran parte del espacio en el que están instaladas. Con una combinación de madera, tubos fluorescentes y cables, la luz de las obras se proyecta en suelo, pared y techos creando un juego de infinitos que inunda todo el lugar. Esto provoca que el espectador aprecie diferentes atmósferas según los ritmos y respiraciones de las piezas. Con su obra, Carlos Coronas dota al espacio de vida, de calidez y de un espectacularidad hipnótica, que ralentiza el tiempo y nos regala unos instantes pausados, reflexivos y propios.

Orden y caos, algo que permanece junto a algo que cambia o se transforma, convivencia entre estructura y cambio… son algunas de las ideas presentes en Lampyridae. El mundo en que vivimos está regido por el caos, por fenómenos totalmente impredecibles que, a la vez, lo dotan de sentido. La vida es una lucha contra la entropía, entendida como el grado de desorden en la naturaleza, algo que todos podemos observar en la vida corriente.

Las Lampyridae cambian su intensidad lumínica mediante sistemas electrónicos en ciclos de varios segundos, variaciones regulares de un metabolismo que no comprendemos pero que evoca poderosamente la respiración pausada de unos seres hibernados o dormidos, o las señales de una comunicación indescifrable entre cefalópodos o los insectos luminiscentes como las lampyridae que inspiran el trabajo de Carlos Coronas.

Instalación de ambas piezas en la Galería Caicoya. Fotografía del artista.

Instalación de ambas piezas en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Fotografía: Marcos Morilla.

 

Carlos Coronas es una artista asturiano, originario de Avilés, donde actualmente reside y trabaja. En su haber consta un extenso recorrido creativo, jalonado por numerosas exposiciones individuales y colectivas, tanto a nivel nacional como internacional, entre las que destacan Los territorios soñados en el Centro Niemeyer de Avilés, Lampyridae en Mustang Art Gallery, en Elche y en la Galería Guillermina Caicoya en Oviedo, Pentágramon en el Horno de la Ciudadela en Pamplona y Lux Aurea, en el Museo Barjola de Gijón. Ha participado en diversos eventos como Seoul Media Art Biennale en Corea del Sur, ARCO Madrid, Biennale Cuvée en Linz Austria, o It’s Simply Beautiful en LABoral Centro de Arte.

Sus primeras obras pictóricas mostraban una adscripción abstracta determinada por un cromatismo lumínico y el gusto por formatos y soportes poco comunes, que le permitieron abrirse a conjugaciones más variadas y ricas tanto en el tratamiento pictórico como en los soportes, que pronto derivaron en estructuras de madera en las que el color revelaba otros volúmenes y la luz aparecía como un substrato determinante de la forma. Evolucionando en esa línea, el artista introdujo la luz eléctrica en trabajos en los que se refuerza el referente pictórico con composiciones lumínicas sobre superficies arquitectónicas que remiten a la clásica abstracción geométrica. Su evolución avanza en forma de proceso de ruptura y desbordamiento de las técnicas y formatos tradicionales, prefiriendo a lo largo de los últimos años el formato de instalación y site-specific (término que se refiere a un tipo de trabajo artístico específicamente diseñado para una locación en particular, de lo que se desprende una interrelación única con el espacio) donde sus piezas alcanzan la perfecta simbiosis con el lugar que habitan.

Obras expuestas:

Carlos Coronas. Instalación de Lampyridae nº 9 y Lampyridae nº 14 en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Fotografía: Marcos Morilla

Carlos Coronas. Instalación de Lampyridae nº 9 y Lampyridae nº 14 en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Fotografía: Marcos Morilla.

Carlos Coronas. Instalación de Lampyridae nº 9 y Lampyridae nº 14 en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Fotografía: Marcos Morilla

Carlos Coronas. Instalación de Lampyridae nº 9 y Lampyridae nº 14 en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Fotografía: Marcos Morilla.

 

Lampyridae nº 9, 2014

  • Tubos fluorescentes, madera y balastros,
  • 500 x 250 x 280 cm
  • Depósito de la Fundación Oscar Niemeyer

 

Lampyridae nº 14, 2016

  • Tubos fluorescentes, madera y balastros,
  • 240 x 200 x 210 cm
  • Depósito del artista

NIÑO DE LA CUENCA / Y LLEGARÁ A SER HOMBRE, C. 1927, DE MARIANO MORÉ

El Programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, bien porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección, bien porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse. En esta ocasión, la Obra invitada será Niño de la Cuenca / Y llegará a ser hombre, realizada por el pintor Mariano Moré Cors hacia 1927 y procedente de la Fundación Alvargonzález de Gijón.

El pintor, dibujante y cartelista Mariano Moré Cors (Gijón, 1899 – Oviedo, 1974), recibió su primera formación artística en el seno de la importante firma Litografía Artística Moré, co-fundada por su padre y, siendo aún niño, acudió al Ateneo Obrero de Gijón, donde impartía clases Nemesio Lavilla. Sus precoces trabajos aconsejaron que completase sus estudios en Madrid, donde desde 1917 frecuentaría el taller del pintor levantino Cecilio Pla, quien influyó favorablemente en su preparación como artista.

Asentado en la capital, y tras una forzosa interrupción debida al conflicto de Marruecos, inició una dilatada concurrencia a las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes (1926-1964), certamen en que llegaría a ganar una segunda (1948, Puerto de Lastres) y una tercera (1945, Costa Cantábrica) medallas. Aparte de su dedicación a la pintura, es muy notable y certera su faceta como dibujante, llegando a plasmar la compleja realidad social de los años veinte y treinta en calidad de reportero de guerra para algunos comprometidos medios locales (CNT). Además, sus trabajos en el ámbito del cartel, sobre todo en el periodo de la II República, se cuentan entre lo más destacado del género en Asturias.

Mariano Moré, Niño de la Cuenca / Y llegará a ser hombre, ca. 1927.

Mariano Moré, Niño de la Cuenca / Y llegará a ser hombre, ca. 1927. Fundación Alvargonzález, Gijón

Moré cultivó especialmente la pintura de temática costumbrista, casi siempre ambientada en su región natal, de la que acabó por dar y proyectar una imagen propia, bien diferenciada de la que ofrecían otros artistas locales. Es su pintura esencialmente figurativa y sus personajes aparecen situados en un entorno reconocible pero evocado. La mina y el mar son dos de sus motivos predilectos, si bien también cultivaría el retrato, el bodegón y puntualmente la pintura decorativa.

Este cuadro, elaborado ya al menos en el verano de 1927 en que es presentado a una importante muestra colectiva de artistas regionales celebrada en el Ateneo Obrero de Gijón, sería también escogido por el autor para su envío a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1932, donde se estrenó transcurrida ya una década desde su llegada a Madrid. Forma parte del extraordinario conjunto de pinturas preparadas por el autor entre 1926 y 1936, período en que Moré firmó sus mejores trabajos, alimentado por una formación y un ambiente propicio en que se introdujo desde muy pronto, a falta de casi cuatro décadas de actividad profesional como pintor, que en el último tramo de su vida alternaría con su dedicación docente.

Niño de la Cuenca propone por vez primera en su trayectoria una temática o subgénero que desarrollaría incluso hasta la década de los años sesenta. Proveniente de Asturias, de donde se va justamente en el momento álgido del desarrollo industrial, cultivaría el asunto del trabajo minero en diversas ocasiones, una temática en boga entre sus coetáneos, todos ellos impregnados de cierto aire de renovación que fue notorio en la segunda mitad de los años veinte y en la primera parte de la siguiente.

En la obra se observa el notable protagonismo de la figura, casi efigiada, de un muchacho carbonero que acarrea un cesto repleto de carbón y que Mariano Moré sitúa en un abreviado y característico paisaje que, teñido de negros, ocres y verdes, pertenece indudablemente a la cuenca minera asturiana, en que localizaría muchos de sus trabajos. Centra el pintor casi toda su atención en el rostro del niño, cuya extenuación física denota un evidente dramatismo y por tanto una manifiesta denuncia social de la penosa situación personal del trabajador que ocupa buena parte de un lienzo, donde también se observan parte de las instalaciones mineras a la derecha y las montañas que parapetan el valle como fondo, dominado por un celaje brumoso y gris que acrecienta la emotividad de la triste y tenebrosa escena. Se evidencia una acusada expresividad moderna que luego el artista cambiaría por una visión mucho más idealizada, con la que acabaría identificándose.

Las escenas de figuras ambientadas en paisajes mineros son uno de sus argumentos predilectos y de los que mayor valía y personalidad denotan en su catálogo, también repleto de temas marineros, de montaña y romerías.

La presencia de esta pintura en el Programa La Obra invitada del Museo del Bellas Artes de Asturias prosigue la línea de colaboración con diferentes fundaciones y entidades que radicadas en la región, conservan un importante patrimonio artístico.

CHEMA MADOZ. EL VIAJERO INMÓVIL

Miradas de Asturias

Miradas de Asturias es una iniciativa de largo recorrido de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson para promover, desde el mecenazgo, la creación de un fondo de obra inédita inspirada en Asturias y sus gentes, a partir de la visión íntima y personal de prestigiosos fotógrafos invitados. Con un respeto absoluto por su libertad creativa, la actividad genera una ambiciosa dinámica, materializada por la singular mirada de nuestros Premios Nacionales de Fotografía.

Hasta la fecha han participado en el proyecto Alberto García-Alix, José Manuel Ballester, Ouka Leele y Joan Fontcuberta.

Esta quinta edición de Miradas de Asturias tiene como fotógrafo invitado a Chema Madoz (Madrid, 1958), Premio Nacional de Fotografía en el año 2000 que presenta en el Museo de Bellas Artes de Asturias una exposición formada por 34 fotografías inéditas y un video.

 

El viajero inmóvil

Chema Madoz realiza sus fotografías a partir de la manipulación de las imágenes y los objetos cotidianos para descubrir nuevos aspectos de sus capacidades simbólicas. Para realizar esta exposición, que presenta con el título de El viajero inmóvil, Chema Madoz ha tenido que realizar el trayecto inverso al usual en su trabajo. Esta vez no son los objetos y sus significantes libres los que tienen la palabra, sino que es la propia idea de Asturias la que se convierte en el objeto a observar y definir.

Mirar Asturias requiere, desde la perspectiva y los modos de hacer de Madoz, convertir la realidad de su espacio geográfico, sus costumbres y sus gentes, en una abstracción. Para ello nos propone un viaje inmóvil, pues para la realización del trabajo no necesita desplazarse al lugar concreto, ni obtener imágenes de la realidad cotidiana. Se trata de viajar por la imaginación para descubrir los elementos conceptuales que conforman la idea de una Asturias de la mente. Así, utilizando la capacidad de síntesis de la representación icónica, nos acerca al paisaje y a la naturaleza salvaje, al mar y sus habitantes, al clima lluvioso y a la montaña y, por medio de la colisión de los sentidos, nos habla de sus tradiciones y sus formas de ser. Con ello consigue conectar la observación del pequeño territorio con sus representaciones poéticas que van y vuelven de la pura abstracción a lo concreto, utilizando para ello, como es consustancial a su trabajo, el sentido del humor.

En definitiva, esta es la Asturias de Chema Madoz y sabemos que el viajero ha estado realmente inmóvil. Podemos acompañarle en su viaje asturiano a través de las fotografías que componen esta exposición, que demuestran con naturalidad, elegancia y precisión que durante la realización de este trabajo nunca se ha movido de allí. (Borja Casani, Comisario).

Chema Madoz El viajero inmóvil Miradas de Asturias 2

Chema Madoz. Serie El viajero inmóvil, 2016. Miradas de Asturias.
Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson, 2017.
Colección de Arte Fundación María Cristina Masaveu Peterson.

Chema Madoz El viajero inmóvil Miradas de Asturias 3

Chema Madoz. Serie El viajero inmóvil, 2016. Miradas de Asturias.
Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson, 2017.
Colección de Arte Fundación María Cristina Masaveu Peterson.

Chema Madoz El viajero inmóvil Miradas de Asturias 4

Chema Madoz. Serie El viajero inmóvil, 2016. Miradas de Asturias.
Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson, 2017.
Colección de Arte Fundación María Cristina Masaveu Peterson.

 

Chema Madoz (Madrid, 1958)

Durante los primeros años ochenta realiza estudios de Historia en la Universidad Complutense, que compagina con su formación fotográfica en diferentes cursos y escuelas de Madrid.

Realiza su primera exposición en 1985. A principios de los años 90, sus imágenes poseen ya un lenguaje definido y personal. Su mundo se centra en la presencia insólita y poética de los objetos que selecciona y dispone en escenarios íntimos, construidos por él mismo. En su obra –próxima a la poesía visual, la pintura y la escultura– los objetos descontextualizados se trascienden a sí mismos y enseñan algo que se oculta a una mirada ordinaria. Metáforas y juegos visuales que sorprenden y provocan al espectador, pues tras su apariencia habitual, revelan una singularidad que nos remite a una asociación inesperada.

En sus fotos la realidad resulta cuestionada. Invita al espectador a la observación y la reflexión y a descubrir la poesía oculta de los objetos.

Premio Kodak (1991). Premio Nacional de Fotografía (2000). Premio PhotoEspaña (2000). Premio Bartolomé Ros (2010). Premio “Overseas” Higasikawa, Japón (2000). Autor destacado en la Bienal de Houston (2000).

Ha expuesto en diferentes lugares: Galería Moriarty, Madrid. Galería Joan Prats, Barcelona. Yossi Milo, Nueva York. Galería OMR, México. Lisa Sette Gallery, Arizona. Galería Esther Woerdehoff, París. Galería PDNB, Dallas. Galería 111, Lisboa. Galería Elvira González, Madrid.

También en museos como: el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid; Centro Galego de Arte Contemporánea, Santiago de Compostela; Museo de Bellas Artes, Buenos Aires; Kiasma Museum, Helsinki; Netherland Photomuseum, Rotterdam; Hermitage Museum, Kazan; Multimedia Art Museum, Moscú; Museo Nacional de Arte Contemporáneo, Santiago de Chile; Museum Für Angewandtekunst, Frankfurt; Museet for Fotokunst de Dinamarca. Encuentros de la Fotografía de Arles, Francia. Fundación Telefónica, Madrid, Fundación Joan Miró, Mallorca, Fundación La Pedrera, Barcelona. CCBB, Río de Janeiro.

 

Chema Madoz El viajero inmóvil Miradas de Asturias 1

Vista general de la exposición de Chema Madoz. Serie El viajero inmóvil. Fotografía: Marcos Morilla.

Chema Madoz El viajero inmóvil Miradas de Asturias 2

Vista general de la exposición de Chema Madoz. Serie El viajero inmóvil. Fotografía: Marcos Morilla.

Chema Madoz El viajero inmóvil Miradas de Asturias 3

Vista general de la exposición de Chema Madoz. Serie El viajero inmóvil. Fotografía: Marcos Morilla.

Chema Madoz El viajero inmóvil Miradas de Asturias 4

Vista general de la exposición de Chema Madoz. Serie El viajero inmóvil. Fotografía: Marcos Morilla.

Chema Madoz El viajero inmóvil Miradas de Asturias 5

Vista general de la exposición de Chema Madoz. Serie El viajero inmóvil. Fotografía: Marcos Morilla.

Chema Madoz El viajero inmóvil Miradas de Asturias 6

Vista general de la exposición de Chema Madoz. Serie El viajero inmóvil. Fotografía: Marcos Morilla.

 

Organiza y promueve: Fundación María Cristina Masaveu Peterson

Colabora: Museo de Bellas Artes de Asturias

Artista: Chema Madoz

Comisario: Borja Casani

Más información: www.fundacioncristinamasaveu.com

www.chemamadoz.com