JOSÉ RAMÓN CUERVO-ARANGO. MI PAISAJE

José Ramón Cuervo-Arango (Gijón, 1947) es uno de los nombres indiscutibles de la fotografía asturiana, cuya proyección se extiende más allá del ámbito nacional. En este sentido, su obra está presente en importantes colecciones de todo el mundo, entre ellas, la Bibibliothèque Nationale de París, el Musée nacionale d’Art Moderne Centre Pompidou (París), el Fotografie Forum Frankfurt am Main, el Centro Studi e Archivio della Comunicazione (Universidad de Parma), la Manfred Heiting Collection (Museum of Fine Art, Houston), la Biblioteca Nacional (Madrid) así como en instituciones y colecciones asturianas tales como el Museo Jovellanos (Gijón), la Fundación Princesa de Asturias o la Junta General del Principado, entre otros. No obstante, éstos son sólo algunos de los muchos lugares hasta los que ha llegado la personal obra de Cuervo-Arango.

Médico de profesión, José Ramón Cuervo-Arango compró su primera cámara hacia 1970. Comenzó entonces un proceso de formación autodidacta que le llevó, ya a finales de esa década, a encontrar su propio lenguaje, especialmente centrado en la interpretación de la luz, verdadera creadora, según reconoce el fotógrafo, de la imagen y esencia de su quehacer fotográfico.

Al igual que muchos compañeros de profesión, Cuervo-Arango ha centrado su atención en la naturaleza, temática que nuevamente estará presente en esta exposición que aglutina obras de sus todas sus etapas creativas.

A este respecto, para el fotógrafo la naturaleza resulta una fuente inagotable de inspiración, repleta de significado, misterio y, como no, disfrute. A través de ella y, por supuesto su captación fotográfica, el artista logra ya no sólo mostrar sus emociones sino, sobre todo, darle forma a las mismas.

La muestra titulada Mi paisaje, presente en el Museo de Bellas Artes de Asturias desde el 7 de marzo al 5 de mayo de 2019, presenta un nutrido número de fotografías del artista gijonés, con más de noventa instantáneas que, guardando su esencia habitual en blanco y negro, nos proyectaran el amor del fotógrafo por la Fotografía.

José Ramón Cuervo-Arango, Cerezales del Condado, León 2017

José Ramón Cuervo-Arango, Cerezales del Condado, León 2017

José Ramón Cuervo-Arango, Florestan y Eusebius, 1997

José Ramón Cuervo-Arango, Florestan y Eusebius, 1997

FRANCISCO VELASCO. LITOMORFOLOGÍAS: ALMAS NEGRAS (III)

El artista asturiano Francisco Velasco (Pelúgano, Aller, 1955) presenta por tercera vez su obra en el Museo de Bellas Artes de Asturias. En esta ocasión, se trata de un proyecto específico creado para las salas y el patio del Palacio de Velarde titulado Litomorfologías: Almas Negras (III).

Francisco Velasco expuso por primera vez en el Museo en el año 1983. En aquel momento, la muestra estuvo compuesta por varias pinturas. Diez años más tarde, el artista allerano volvía al Museo aunque en dicha ocasión ya lo hacía con obra gráfica, medio que Francisco Velasco domina a la perfección y en el cual sobresale como una de las principales figuras del actual panorama asturiano.

Esta tercera muestra recoge una cuidada selección de sus estampas más recientes. El conjunto de las mismas comparte tres premisas que resultan fundamentales para acercarse y entender la obra de Velasco.

Por un lado, la litografía como técnica de partida que, a su vez, es combinada con otros procedimientos gráficos como la impresión digital, el grabado en relieve o la serigrafía. En segundo lugar, Francisco Velasco utiliza el papel como soporte principal y casi exclusivo de la estampa. Finalmente, el tercer punto a destacar es la utilización del color negro en sus múltiples gradaciones y matices. Un color que, como se puede comprobar, actúa como nexo conceptual y formal.

Si atendemos a la temática comprobaremos como la mayor parte de las obras se refieren a problemas y situaciones sociales complejas así como a la actual toma de decisiones políticas. Hechos, todos ellos, reflejados en los títulos de las obras.

En este sentido, un primer grupo temático se engloba dentro de la serie titulada Migraciones. En ella, a través de la representación de figuras humanas poco perceptibles que se mimetizan con el fondo oscuro y son representadas de forma aislada, como vagando sin rumbo, el artista pretende mostrar el drama social en el que viven. Dichas figuras aparecen inmersas en franjas y espacios de geometría irregular, entre secuencias cromáticas y rítmicas de blancos y negros, en busca de alguna luz. En otras ocasiones, se transfieren unos personajes silueteados linealmente e inmersos en fondos de exuberante tensión y complejidad donde dialogan lo opaco y lo transparente.

Las obras de esta serie forman polípticos que, intercalados con poliedros, buscan romper la bidimensionalidad de las estampas tradicionales, erigiéndose como una suerte de metáfora de la ruptura con el pasado.

Una de las partes más reseñables de esta muestra es la instalación Europa-Europeos: duelo a garrotazos, en clara alusión a la obra de Francisco de Goya, compuesta por 352 latas que, en su variado colorido, funcionan como contrapunto cromático del resto de las obras. En ella encontramos una mención rotunda a la actualidad y, por extensión, un sesgo político-social.

Siguiendo esta línea expositiva, la instalación titulada Retablo reflexiona sobre los apantallamientos visuales (pantallas digitales) que, en la actualidad, sustituyen a las antiguas iconografías de los retablos pero con el mismo deseo de adoctrinamiento.

Un segundo grupo de obras responden a planteamientos formales y conceptuales más acordes con la tradición abstracta del artista a lo largo de su trayectoria. A ella pertenecen obras como M-22 y L-323-S en donde una abstracción de corte simbólico toma el protagonismo.

Finalmente, por su despliegue e impacto visual, resulta indispensable citar la instalación que ocupa el patio del Palacio de Velarde titulada Ventolera y que reúne un total de 315 figuras realizadas sobre láminas de poliéster serigrafiadas y posteriormente troqueladas a partir de una litografía original.

La estructura y montaje de esta instalación se disponen a partir de las estampas serigrafiadas que emergen desde el suelo y se elevan, simulando una corriente de aire, hacia lo alto donde se transmutan en forma de pájaro.

Francisco Velasco, Migraciones L-322-Q, 2018

Francisco Velasco, Migraciones L-322-Q, 2018

 

Migraciones L-319, 2018

Francisco Velasco, Migraciones L-319, 2018

Migraciones M-22, 2018

Francisco Velasco, Migraciones M-22, 2018

 

Migraciones L-319, 2018

Francisco Velasco, Migraciones M-24, 2018

Retablo M-25, 2018

Francisco Velasco,, Migraciones Retablo M-25, 2018

RETRATO DE FERNANDO VII, 1814, DE FRANCISCO DE GOYA

Desde el 14 de marzo hasta el 2 de junio de 2019, el Museo de Bellas Artes de Asturias acogerá en la sala 4 del Palacio de Velarde un impresionante retrato del monarca Fernando VII realizado por Francisco de Goya en 1814.

La obra fue encargada por el Consejo Municipal de Santander tras el cautiverio del Fernando VII en Valençay (Francia) y con la intención de ser colocado en la Sala Consistorial, donde residió hasta la muerte del rey, acontecida en 1833. Más tarde, el retrato quedó relegado al olvido durante un tiempo pasar finalmente a engrosar los fondos del Museo Municipal.

En la obra, Fernando VII es representado de cuerpo entero. Aparece vestido de Coronel de Guardias y lleva varias condecoraciones entre las que sobresalen la banda de la Orden de Carlos III y la gran venera de la Orden del Toisón de Oro que pende del cuello.

El rey apoya el brazo izquierdo sobre el pedestal de una estatua que representa una alegoría de España coronada de laurel y con los pechos descubiertos. Junto a ella, el pintor representó varios atributos que permiten identificar al personaje representado: el cetro, la corona y el manto de armiño.

A los pies del monarca el artista representó un león que sujeta unas cadenas rotas entre sus garras simbolizando, con ello, la liberación del pueblo español tras la expulsión de las tropas francesas.

La obra destaca por la viveza de los colores conseguidos por Goya, sobre todo, el rojo del chaleco y el del manto de armiño. Las pincelas presentan una importante carga matérica pese a la cual se consigue, sin embargo, una gran luminosidad por parte del artista.

El Programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, bien porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección, bien porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.

En esta ocasión, la obra de Francisco de Goya viene acompañada por otro retrato de Carlos IV ejecutado por Bernardo Martínez del Barranco en 1789.

Fernando VII realizado por Francisco de Goya en 1814.

Fernando VII realizado por Francisco de Goya en 1814.

Carlos IV ejecutado por Bernardo Martínez del Barranco en 1789.

Carlos IV ejecutado por Bernardo Martínez del Barranco en 1789.

IMAGO URBIS. LAS CIUDADES ESPAÑOLAS VISTAS POR LOS VIAJEROS (SIGLOS XVI-XIX)

Hoy, en pleno siglo XXI, la tecnología digital permite al espectador “viajar” virtualmente por lejanas ciudades y fascinarse ante los detalles de las reproducciones urbanas de la era digital. No obstante, la atracción por las representaciones de ciudades tiene una larga tradición histórica. De hecho, fueron los primeros experimentos renacentistas con la perspectiva visual los que marcaron el nacimiento del retrato de ciudades como género artístico definido, impulsado desde mediados del siglo XVI por el desarrollo de la imprenta, la curiosidad geográfica y la difusión comercial de los libros de ciudades. En ese panorama de éxito de la imagen urbana en la Europa de la Edad Moderna, las “exóticas” ciudades españolas fueron revisitadas incansablemente, creando un repertorio de vistas urbanas basado en la mirada del otro: el viajero, el editor o el dibujante extranjero.

Para analizar la evolución de la imagen artística de las ciudades españolas desde el siglo XVI hasta la aparición de la fotografía surge la exposición Imago urbis. Las ciudades españolas vistas por los viajeros (siglos XVI-XIX), que se nutre del importante fondo de libros ilustrados de viajes que conserva el Museo de Bellas Artes de Asturias completado con fondos procedentes de la Biblioteca de la Universidad de Oviedo, la colección de obra gráfica de la Universidad de Cantabria, la Biblioteca de Menéndez Pelayo y varias colecciones particulares.

A lo largo de más de cien obras (entre libros ilustrados, estampas, acuarelas, dibujos y óleos) se podrán contemplar los pioneros repertorios de vistas de ciudades en el Renacimiento y el Barroco (Braun, Münster, Labanha, Colmenar, Texeira), para pasar después a los tiempos de la Ilustración (Villanueva, Ponz, Laborde, Bradford, Murphy, Brambrilla) y a la nostálgica mirada de los viajeros románticos (Locker, Lewis, Roberts, Gail, Vivian, Girault de Prangey, Pérez Villaamil, Doré). Finalmente, la aparición de la fotografía (Clifford) y los primeros viajes en globo (Guesdon), junto a la expansión industrial burguesa, transformarán la percepción de la ciudad tradicional, completando este viaje visual y literario por la iconografía urbana, un género artístico aún fragmentariamente conocido y que permite -como pocos- pasear por los paisajes históricos.

La muestra, organizada por el Museo de Bellas Artes de Asturias y el proyecto de investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (FEDER/UE) “Culturas urbanas en la España Moderna” (universidades de Cantabria y Oviedo), ha sido comisariada por los catedráticos de Historia del Arte Luis Sazatornil y Vidal de la Madrid.

Genaro Pérez Villaamil, La catedral de Oviedo, 1846

Genaro Pérez Villaamil, La catedral de Oviedo, 1846

Charles Clifford, Vista de la calle San Juan y la torre de la catedral de Oviedo, 1858

Charles Clifford, Vista de la calle San Juan y la torre de la catedral de Oviedo, 1858

ARTES INDUSTRIALES Y DECORATIVAS: LAS COLECCIONES DEL MUSEO DE BELLAS ARTES DE ASTURIAS (I)

Desde 1987, el Museo de Bellas Artes de Asturias comenzó a formar su colección de artes industriales y decorativas. De aquella primera labor en el estudio y difusión de esta clase de patrimonio basta recordar la reivindicación de la gran fábrica vidriera La Industria, motor del resto de artes industriales gijonesas y asturianas durante más de 150 años.

Fruto de la misma intención, y en apenas treinta años, la sección de artes industriales y decorativas del museo fue creciendo y ensanchándose en distintas direcciones hasta la situación actual, con más de 2000 piezas de cerámica industrial española y extranjera (lozas y otras cerámicas desde el siglo XVIII al XXI), unos 1200 vidrios mayoritariamente asturianos, 500 planchas de cobre con decorados ingleses para la estampación de lozas (procedentes de la fábrica sevillana de San Juan y donadas al Museo por la fábrica de San Claudio) y un resto heterogéneo de piezas de todo tipo que son las ahora aquí presentadas.

En este fondo nos encontramos tanto con juguetes, botellas, ladrillos, muebles, armas, así como con cubiertos de plata y otros trabajos de metalistería, artes gráficas, documentos comerciales y fotografías. Se trata, todos ellos, de genuinos representantes de la historia contemporánea de Asturias.

LUGAR: Casa de Oviedo Portal, Primera planta (Salas 15 y 16).

PORTRAIT (RETRATO), c. 1934-1935, DE LUIS FERNADEZ

El Programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, bien porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección, bien porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.

Luis Fernández (Oviedo, 1900-París, 1973) es uno de los creadores españoles más importantes del siglo XX. Tras su marcha a París en 1924, Fernández entró en contacto con lo más granado de la vanguardia internacional, hecho que le sirvió para conocer y profundizar en alguno de los movimientos artísticos más importantes del momento tales como el surrealismo o el cubismo. A partir de la década de los años cincuenta, el artista asturiano alcanzó su etapa de madurez, caracterizada por una peculiar y muy personal figuración, totalmente apartada de las corrientes en boga de la época, que le han convertido en uno de los creadores más singulares de la primera mitad del siglo XX.Esta obra invitada, procedente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, representa a un hombre sentado sobre una silla y que sostiene entre sus manos una viola con una única cuerda. Una composición con un marcado aire nostálgico apreciable no sólo en la delgadez, postura y rasgos faciales del retratado sino, también, en la austera y fría gama cromática elegida por Fernández y que relacionan esta obra con uno de los artistas que más interesaron al creador asturiano, Pablo Picasso.
Luis Fernández. Portrait (Retrato), c. 1934-1935. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

Luis Fernández. Portrait (Retrato), c. 1934-1935. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

 

El personaje representado fue compañero de trabajo de Luis Fernández así como coleccionista de su obra y protagonista de otras. En este sentido, el Museo de Bellas Artes de Asturias conserva una pieza en la que Szwarc vuelve a ser retratado por el pintor asturiano. Se trata de una anamorfosis, pintada por Luis Fernández entre 1934 y 1936, en la que aparece la misma figura, dispuesta de igual manera y con idéntico instrumento entre sus manos, con la única diferencia, además de la contracción longitudinal del espacio pictórico, de una mayor intensidad de la paleta cromática.

ESTAMPAS DE FRANCISCO DE GOYA EN EL MUSEO DE BELLAS ARTES DE ASTURIAS

Estampas de Francisco de Goya en el Museo de Bellas Artes de Asturias es la sexta exposición que se celebra en el Complejo Cultural As Quintas de La Caridad con fondos procedentes de la colección del Museo de Bellas Artes de Asturias.

La muestra Estampas de Francisco de Goya en el Museo de Bellas Artes de Asturias propone el análisis de una de las facetas más conocidas y trascendentales de la producción del artista como fue la de grabador.

Desde las críticas y populares imágenes de los Caprichos y los Disparates hasta las más raras y singulares estampas de viajes y sus obras finales, pasando por las tempranas copias de Velázquez, la selección de grabados que conforman esta exposición invitan al espectador a adentrarse en el genuino mundo creativo de Francisco de Goya, uno de los grandes pintores de la historia del arte y, por supuesto, uno de los más interesantes grabadores de todos los tiempos.

Que se la llevaron!

En el Jardín

En el jardín es un proyecto específico creado por el artista Javier Victorero para las salas de exposiciones y el patio del Palacio de Velarde.

La muestra reúne un conjunto de obras realizadas por el artista en los últimos años a través de las cuales busca establecer una analogía entre el arte y jardín pero, también, entre el pintor y el jardinero. Dos mundos entre los cuales se establece un punto de encuentro: la capacidad de ambos de ordenar. Así, al igual que el artista ordena el caos con su trabajo el jardinero logra contener la naturaleza salvaje con el suyo en el jardín.

Se trata del décimo proyecto específico de un artista contemporáneo que se realiza en el Museo de Bellas Artes de Asturias desde el 2013. En esta ocasión, En el jardín reúne un conjunto de obras realizadas por Javier Victorero en los últimos años a través de las cuales el artista trata de establecer una analogía entre el arte y el jardín así como entre el pintor y el jardinero. La capacidad que tiene el arte para ordenar el caos, de la misma manera que el jardinero consigue contener la naturaleza salvaje en su jardín, es la característica principal que relaciona ambos mundos.

En este sentido, la elección del jardín como recinto cerrado en el que experimentar las potencias del alma, inscribe la obra de Victorero en una tradición cósmica, metafísica y mística.A través de su trabajo, el pintor proyecta una idea de la pintura y del jardín como lugares de reflexión y experiencia íntima, y donde términos como abierto/cerrado, dentro/fuera, limitado/ilimitado y grande/pequeño, que se definen por oposición mutua, pueden ser integrados a través de su vivencia simbólica y poética en una nueva realidad que los incluye unidos, superando la lógica lingüística a través de la experiencia estética.

En el Jardin

Javier Victorero es una de las figuras más importantes de la pintura asturiana de los últimos años. Además de haber recibido el elogio de importantes críticos, Victorero ha sido seleccionado en los principales certámenes españoles obteniendo, entre otros, el Premio de la Junta General del Principado. Su obra está presente en importantes colecciones públicas y privadas.

La muestra, que estará instalada hasta el próximo 23 de diciembre, aglutina una veintena de pinturas, varias cerámicas, obra escultórica y sonido. Toda una experiencia para adentrarse en el mundo coincidente del arte y el jardín.

 

Picasso, Braque, Gris, Blanchard, Miró y Dalí. Grandes Figuras de la Vanguardia. Colección Masaveu y Colección Pedro Masaveu

 

El próximo miércoles 25 de julio se abrirá al público la exposición Picasso, Braque, Gris, Blanchard, Miró y Dalí. Grandes Figuras de la Vanguardia. Colección Masaveu y Colección Pedro Masaveu en el Museo de Bellas Artes de Asturias.

Esta exposición, instalada en la primera planta del Edificio Ampliación hasta principios del año próximo, reunirá un total de ocho obras realizadas por algunos de los más importantes representantes de las vanguardias históricas del siglo XX, así como del arte contemporáneo en general, pertenecientes cuatro de ellas a la Colección Masaveu, que es propiedad de la Corporación Masaveu y está gestionada desde el año 2013 por la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, y las restantes a la Colección Pedro Masaveu, la cual, a la muerte de este último en 1993, pasó por dación al Principado de Asturias, quedando desde 2011 definitivamente adscrita a su Museo de Bellas Artes. Por lo tanto, todas las obras que componen esta exposición parten de un mismo origen: la afición por el arte y el coleccionismo de la familia Masaveu, una saga de empresarios y filántropos de origen catalán afincada en Asturias desde 1840.

Con esta concentrada muestra, de extraordinaria calidad en relación a los artistas y obras seleccionados, el Museo de Bellas Artes de Asturias logra dibujar de forma segura los orígenes mismos de la modernidad artística a través de la obra de seis de los artistas más importantes del arte universal: Pablo Picasso, Georges Braque, Juan Gris, María Blanchard, Joan Miró y Salvador Dalí.

Pablo Picasso, Mousquetaire à l’épée et amour, 1969 .Museo de Bellas Artes de Asturias. Colección Pedro Masaveu

Pablo Picasso, Mousquetaire à l’épée et amour, 1969. Museo de Bellas Artes de Asturias.Colección Pedro Masaveu.

Picasso y Braque alumbraron de manera conjunta el Cubismo, auténtico punto de inflexión en la historia del arte y en la manera en que la creación se había venido entendiendo desde el mismo Renacimiento. Del primero de ellos se han conseguido reunir tres importantes cuadros y del segundo una de sus indiscutibles obras maestras. A ellos, y a su investigación cubista, se sumaron luego otros dos importantes artistas españoles como fueron Juan Gris, representado aquí con la obra de uno de sus mejores períodos, y María Blanchard, con un lienzo de gran solidez y rotundidad. De igual modo, la fuerza, fantasía y dimensión disruptiva de otro de los grandes ismos de comienzos de siglo, el Surrealismo, se encuentra condensada en los trabajos de otros dos grandes creadores internacionales, también de origen español, presentes igualmente aquí, cada uno de ellos con una pieza: Joan Miró y Salvador Dalí.

Picasso, Braque, Gris, Blanchard, Miró y Dalí. Grandes Figuras de la Vanguardia. Colección Masaveu y Colección Pedro Masaveu se instalará en una de las zonas más nobles del Edificio Ampliación, cuya sala 23 será remontada parcialmente con una museografía especial y bien diferenciada para acomodar esta importante exposición temporal.

La muestra, organizada por el Museo de Bellas Artes de Asturias, la Fundación María Cristina Masaveu Peterson y la Corporación Masaveu, ha sido comisariada por el director del Museo de Bellas Artes de Asturias, Alfonso Palacio. Con motivo de la misma se editará un folleto de 32 páginas con textos del propio Alfonso Palacio y de Juan Carlos Aparicio Vega y diseño a cargo de Juan Jareño.
Asimismo, durante el último cuatrimestre de 2018 se articulará en torno a esta exposición una programación específica a base de conferencias, visitas guiadas, talleres, etc.

El Campeón, 1910, de Nicolás Soria

El Museo de Bellas Artes de Asturias ha presentado esta mañana su nueva Obra invitada para los meses de abril a agosto de 2018. Se trata del cuadro de Nicolás Soria titulado El campéon, pintado en 1910 y prestado para la ocasión por la familia avilesina del artista.

Nicolás Soria González, segundo hijo de Policarpo Soria, patriarca de una familia de artistas que se había iniciado con su padre Nicolás a principios del siglo XIX y que se prolongará aún en una tercera generación, nació en Avilés el 12 de agosto de 1882. Las primeras instrucciones artísticas, al igual que sus hermanos Jesús, Florentino, Marino y Manuel, provendrán de su padre y las ampliará en la Escuela de Artes y Oficios hasta que en 1899, junto a su hermano Jesús, se desplaza a Madrid para estudiar en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado. Allí, entre otros destacados artistas, recibirá lecciones de Luis Menéndez Pidal, Moreno Carbonero, Cecilio Plá, Muñoz Degrain y Alejo Vera.

Finalizada su carrera, en la que obtendrá algunos de los premios especiales que se concedían en las distintas asignaturas, se presenta a las oposiciones al cuerpo de profesores de Enseñanza Media, ganándolas con el número uno y siendo destinado como catedrático de Dibujo al Instituto de Segunda Enseñanza de Murcia hasta que, en 1912, logra el traslado al de Oviedo en el que permanecerá hasta su fallecimiento. Algunos críticos señalarán que esa dedicación a la docencia va a impedirle la adaptación de su pintura a las nuevas maneras que ya empezaban a aflorar, cierto que tímidamente, en algunos de sus contemporáneos.

Desde su primera presencia en 1901 fue asiduo participante en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, en las que obtuvo tres menciones honoríficas en las de 1904, 1906 y 1908, una tercera medalla en la de 1920 y una segunda medalla en la de 1926. También concurrió a la Exposición Internacional de Barcelona de 1929. En 1920, en unión de otros profesores e intelectuales, contribuyó a la creación del Centro de Estudios Asturianos, del que fue su primer tesorero. En 1928 fue nombrado Académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Falleció en Oviedo el 28 de agosto de 1933.

Nicolás Soria. El Campeón, 1910. Colección particular

Nicolás Soria. El Campeón, 1910.Colección Familia Soria, Avilés.

Su obra pictórica, deudora de su tiempo y de su ámbito, no es todo lo conocida que se merece aunque la mayoría de críticos coetáneos la respetasen y, en algunos casos, la admirasen. En Asturias, y de manera especial en Avilés, se le consideró como el abanderado de la generación de artistas surgidos en los años 20 del pasado siglo. Quizá por ese su especial interés en las Exposiciones Nacionales y por la búsqueda de las ansiadas medallas –galardones tan valorados en la época- gran parte de su obra, especialmente la de gran formato, peca de una cierta grandilocuencia y teatralidad. Es, sin duda, una deuda de la normativa decimonónica que le hace crear un poco a destiempo de lo que ya comenzaba a vislumbrarse pero, aún así, lo hará siempre desde un trabajo cuidadoso, detallista, metódico y justo en sus valoraciones tanto dibujísticas como cromáticas. En ese apartado encajarían obras como El último homenaje (1901), In articulo mortis (1904), La Huelga (1924), La galerna (1926) y Al Carmen (1929).

Por el contrario aquellas de sus pinturas más íntimas, frecuentemente retratos de miembros de su propia familia, autorretratos o composiciones con pocas figuras, tienen ese componente inaprensible -podríamos llamarlo alma- que solo determinados artistas saben insuflar a sus obras. Él mismo, en uno de sus textos, dice que “el arte no es, en manera alguna, falsificación de la naturaleza” y eso parece querer transmitirnos en esas pinturas más serenas y recogidas aún cuando algunas de ellas, por sus dimensiones, pudieran hacer caer en tentaciones episódicas al artista. Es lo que ocurre en Blanquita (1906), La nieta (1906), Retrato de Jesús y Josefa Soria (1910), Hijos de los Marqueses de Ferrera (1908) y Los nuevos esposos (1920). Pero especialmente esas características van a ser palmarias en la obra invitada que nos ocupa y en la que, es indudable, podemos ver el alma: El campeón (1910).

El campeón, para el momento en que lo realiza, es un atrevido retrato de un ciclista que no es otro que su hermano pequeño Manuel –uno más de los componentes de la larga saga familiar de artistas- y resultará ser una pintura paradigmática entre ese grupo de obras más sobrias y naturalistas. En ella se ve un ciclista posando de frente, con la mano derecha en la cintura y la izquierda sujetando la bicicleta. Ésta no se representa al completo, de la misma manera que al deportista le faltan los pies, lo que puede resultar chocante por la importancia que en ese deporte tienen ruedas y pies pero que no hacen más que valorar lo verdaderamente importante para el autor: retratar con fidelidad fraternal a un atleta bien musculado y concentrado en su serenidad.

Al igual que en otras obras suyas la figura se recorta sobre un paisaje, en este caso brumoso, casi apocalíptico, en el que se contempla una carretera en ascenso y unas lejanías de montañas iluminadas entre el rompiente celaje. La pincelada detallista de la figura contrasta vivamente con el tratamiento en torbellino de todo el fondo que no hace sino simbolizar lo que de gesta tiene -y más en la época en la que competía el retratado- el deporte de las dos ruedas.

Todo el conjunto de la obra tiene un tanto de épico, con la luz irrumpiendo por la derecha del retratado y pese a saber que la estrella que luce en pecho del deportista es la que corresponde al maillot de Ciclos Sanromá de Barcelona, quiero seguir fiel a una interpretación simbólica de ese elemento: educación y elevación. Ambas cualidades le eran propias al retratado y eso podría querer decirnos el pintor colocándola en el centro de la mirada. Al fin y al cabo, por tradición familiar, también eran las suyas.

En cuanto al lienzo, se expondrá hasta el próximo 5 de agosto en la sala 20 de la pinacoteca, ubicada en la primera planta del edificio de Ampliación, y en torno a él habrá un programa complementario de actividades, que incluirán visitas guiadas, talleres para familias y una conferencia.

 

Ramón Rodríguez.