NADA, POCO, BASTANTE, MUCHO. MAITE CENTOL

Maite Centol (Logroño, 1963) presenta para las salas del Museo de Bellas Artes de Asturias un proyecto específico que parte del principio de convertir una propuesta interdisciplinar en el detonante para explorar algunos de los diferentes elementos que componen y construyen el concepto de museo y, en especial, el que lo liga a la idea de lugar para la interpretación del arte desde un punto de vista emocional. Y todo ello a partir de una interacción previa y constante con los propios visitantes.

Se trata del duodécimo proyecto específico que un artista contemporáneo realizada para la pinacoteca asturiana desde que esta iniciativa arrancara en el año 2013.

La selección de obras incluirá instalación, acción, dibujo en papel, registro sonoro y vídeo. Todo ello se desplegará de manera continuada a través de las salas de exposiciones temporales del Palacio de Velarde, así como sobre el propio patio del mismo edificio.

EL BUFÓN, LA MUJER Y EL GATO, C. 1641-1645, DE JACOB JORDAENS

El programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo aproximado de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente. En algunos casos la elección permite profundizar en aspectos ya contemplados en la propia colección de la pinacoteca y, en otros, permite cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.

La obra invitada de este tercer y último cuatrimestre es un destacado cuadro de uno de los pintores más importantes del barroco, Jacob Jordaens (Amberes, 1593-1678). Un artista ausente en la colección del Museo de Bellas Artes de Asturias y que conforma junto con Rubens y Van Dyck el trío más brillante de la pintura flamenca del siglo XVII en Amberes.

La Obra invitada, procedente de la Colección Epiarte, lleva por título El bufón, la mujer y el gato. Fue pintada por Jordaens entre los años 1641 y 1645 y tiene una clara connotación moralista.

HISHIRYO. SIEMPRE ES AHORA. ÚLTIMAS PINTURAS DE KELY

Kely (Oviedo, 1960-2013) fue una pintora que desarrolló toda una trayectoria apegada en su mayor parte a un registro abstracto en donde el gesto, la mancha y el signo de sus primeros cuadros de finales de la década de 1990 dejaron paso a unas obras, las últimas, en que aparece un universo poblado por formas que se encuentran instaladas en un estado de ingravidez y suspensión permanente. Un cierto preciosismo formal de ascendencia Art Nouveau las caracteriza igualmente, al mismo tiempo que un aire orientalizante, tanto en lo que a los motivos se refiere, como en lo que afecta a su decantación compositiva, siempre descentrada y asimétrica.

En este sentido, esta exposición se propone revisar los últimos años de producción de Kely a la luz, precisamente, de su profunda inmersión en el zen, que absorbió con fuerza tras su incorporación a la comunidad de Daidoji, el Templo del Gran Camino y en donde, con el paso del tiempo, llegó a profesar como monja zen bajo el nombre de Hishiryo. No cabe duda de que su acceso y profundización en torno a esta vía de conocimiento y meditación influyeron sobremanera en su forma de acercarse a su propia creación, tanto en el plano de lo teórico y conceptual, como en el propio nivel formal.

La exposición Hishiryo. Siempre es ahora. Últimas pinturas de Kely estará presente en el museo asturiano entre el 28 de noviembre y el 23 de febrero y podrá disfrutarse en la planta -1 del Edificio Ampliación.

Austrias y Borbones: Príncipes y Princesas de Asturias, y Reyes de España

Sala 3, Palacio de Velarde

Con motivo de la entrega del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2019 al Museo del Prado, el Museo de Bellas Artes de Asturias en colaboración con el galardonado Museo Nacional del Prado y la Fundación Princesa de Asturias han organizado la exposición Austrias y Borbones: Príncipes y Princesas de Asturias, y Reyes de España para los meses de octubre a diciembre del 2019.

Una muestra en la que a través de nueve obras se pretende hacer un recorrido por lo que ha sido una de las manifestaciones más importantes en el campo de la pintura durante la Edad Moderna: la representación, dentro del retrato, de los distintos Príncipes y Princesas de Asturias, así como de Reyes de España, por algunos de los pintores más destacados.

Cinco de las obras expuestas pertenecen al Museo Nacional del Prado y cuatro al Museo de Bellas Artes de Asturias. Alonso Sánchez Coello, el taller de Velázquez, Juan Carreño de Miranda, Miguel Jacinto Meléndez, Jean Ranc, Henri Antoine Favanne, Anton Raphael Mengs y un anónimo italiano son los nombres presentes en la muestra.

Con motivo de la exposición será editado un catálogo con textos y fichas a cargo de los conservadores del Museo del Prado Javier Portús, Manuela Mena, Leticia Azcue y Juan José Luna, así como del Museo de Bellas Artes de Asturias, Gabino Busto Hevia.

 

 

logos-exposicion

 

 

 

El príncipe Baltasar Carlos (c. 1635), Velázquez y taller. Museo Nacional del Prado

El príncipe Baltasar Carlos (c. 1635), Velázquez y taller. Museo Nacional del Prado.

María Luisa de Parma, Princesa de Asturias (c. 1765), Anton Rafael Mengs. Museo Nacional del Prado

María Luisa de Parma, Princesa de Asturias (c. 1765), Anton Raphael Mengs. Museo Nacional del Prado.

GUERRERO-VICENTE

El Museo de Bellas Artes de Asturias propone para el segundo cuatrimestre del año la muestra titulada Guerrero/Vicente, una exposición co-producida por el Centro José Guerrero de Granada y el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, coorganizada por Acción Cultural Española y en la que colabora el Museo de Bellas Artes de Asturias.

Guerrero/Vicente se configura como una muestra que pone en relación la obra de los dos únicos artistas españoles que formaron parte de una de las corrientes artísticas más importantes del siglo XX: el Expresionismo Abstracto Americano. A este respecto, esta propuesta expositiva tiene como objetivo evidenciar las similitudes y diferencias entre dos artistas que, historiográficamente, siempre han sido tratados individualmente pero que, realidad, presentan múltiples puntos de encuentro. Sus respectivas obras, marcadas por una férrea personalidad artística, mantienen un claro diálogo que funciona como eje vertebrador de esta exposición.

En este sentido, Guerrero/Vicente funciona como un recorrido por la trayectoria profesional de ambos artistas. La muestra parte de una serie de coincidencias que marcaron los años de aprendizaje de los dos pintores. Por un lado, una primera formación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Y, en segundo lugar, la partida a París, cuna por entonces de la vanguardia artística en Europa. Mas tarde ambos se casarían, además, con mujeres norteamericanas, hecho que les motivó a trasladarse a los Estados Unidos. Mientras que Esteban Vicente se trasladaba en 1936, José Guerrero no lo haría hasta 1949. En todo este tiempo, la obra de Guerrero y Vicente habría evolucionado de un primer estadio figurativo que progresivamente se iría diluyendo hasta convertirse en abstracción.

1950 fue, no obstante, el año que marcaría el cambio definitivo en la trayectoria profesional de ambos artistas. En el caso de Esteban Vicente, esta transformación vendría motivada por la exposición Talent 1950, para la que fue seleccionado por Meyer Shapiro y Clement Greenberg. Por su parte, 1950 sería el año en el que José Guerrero se instalaría en Greenwich Village, barrio en el que, por entonces, estaba establecida una importante colonia de artistas. Guerrero pronto contactaría con agentes que lo presentaron a la galerista Betty Parsons. Desde entonces, tanto Vicente como Guerrero se mantendrían fieles a los dictados de la primera generación del Expresionismo Abstracto Americano relacionándose directamente con artistas de la talla de De Kooning, Rothko, Kline, Motherwell, Guston, Newmann o Pollock, entre otros.

A pesar de las diferencias estilísticas, tanto José Guerrero como Esteban Vicente tuvieron una preocupación común por el color. En el caso de José Guerrero ésta se dio muy pronto, y lo hizo en clave de elemento estructurador de la composición. En lo referente a Vicente, dicha inquietud le llegaría más tarde, sin embargo, a finales de 1950 ya comenzaría a investigar sobre el modo de atrapar o fijar la luz, algo que consiguió gracias al color.

La selección de obras de esta muestra, que consta de más de 60 piezas procedentes de cerca de una veintena de museos y colecciones, muestra las carreras paralelas de Guerrero y Vicente centrándose en tres momentos señalados de un recorrido compartido: una primera fase figurativa con paisajes urbanos y rurales; una segunda, en la década de los cincuenta, en donde ambos creadores se meten de lleno en la abstracción; y, finalmente, una tercera etapa, ya en los años setenta, en la que tanto Guerrero como Vicente fueron destilando una voz característicamente propia y representativa de sus respectivos momentos de madurez que les llevaron a asumir la pintura de los campos de color de un modo muy personal en cada caso.

La exposición Guerrero/Vicente, que llega procedente de Segovia, estará presente en el Museo de Bellas Artes de Asturias entre los meses de junio a septiembre de 2019. Con motivo de la misma se ha editado un catálogo que cuenta con un texto principal de Inés Vallejo además de otros introductorias realizados por destacados historiadores y críticos de este país como son Juan Manuel Bonet, Guillermo Solana y José maría Parreño.

Logos - produce - organiza - colabora

 

Esteban Vicente. Growth, ca. 1951. Oleo sobre lienzo. 121,9 x 114,3 cm. Colección MACBA. Fundación MACBA. Obra adquirida gracias a la Fundación bancaria

Esteban Vicente. Growth, ca. 1951. Oleo sobre lienzo. 121,9 x 114,3 cm. Colección MACBA. Fundación MACBA. Obra adquirida gracias a la Fundación bancaria “La Caixa”

Esteban Vicente. Nuance, 1990. Óleo sobre lienzo. 132 x 162,5 cm. Colecciones Reales. Patrimonio Nacional. Palacio de la Moncloa.

Esteban Vicente. Nuance, 1990. Óleo sobre lienzo. 132 x 162,5 cm. Colecciones Reales. Patrimonio Nacional. Palacio de la Moncloa.

Esteban Vicente. Untitled, 1972. Óleo sobre lienzo. 114,5 x 183 cm. Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, Segovia

Esteban Vicente. Untitled, 1972. Óleo sobre lienzo. 114,5 x 183 cm. Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, Segovia.

José Guerrero. Black Cries, 1953. Óleo sobre lienzo. 130,5 x 238 cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

José Guerrero. Black Cries, 1953. Óleo sobre lienzo. 130,5 x 238 cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.© Vegap.

José Guerrero. La brecha III, 1989. Técnica mixta sobre lienzo. 195 x 260 cm. Colección Diputación de Granada.

José Guerrero. La brecha III, 1989. Técnica mixta sobre lienzo. 195 x 260 cm. Colección Diputación de Granada.© Vegap.

1. Esteban Vicente. Sin título, 1923. Óleo sobre cartón. 22 x 27,5 cm. Colección Sagrario de Uliarte Vicente,. Madrid

Esteban Vicente. Sin título, 1923. Óleo sobre cartón. 22 x 27,5 cm. Colección Sagrario de Uliarte Vicente, Madrid.

José Guerrero. Paisaje del lago de Thun, 1947. Óleo sobre lienzo. 60 x 80 cm . Colección particular, Madrid ©José Guerrero, VEGAP, Segovia, 2019

José Guerrero. Paisaje del lago de Thun, 1947. Óleo sobre lienzo. 60 x 80 cm . Colección particular, Madrid ©José Guerrero, VEGAP, Segovia, 2019.

3. Esteban Vicente. Sin título, 1958. Óleo sobre lienzo. 76,2 x 96,8 cm. Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente. Segovia

Esteban Vicente. Sin título, 1958. Óleo sobre lienzo. 76,2 x 96,8 cm. Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente. Segovia.

José Guerrero. Presence of Black, 1977. Óleo sobre lienzo. 179 x 126,5 cm. Centro José Guerrero, Diputación de Granada, Granada

José Guerrero. Presence of Black, 1977. Óleo sobre lienzo. 179 x 126,5 cm. Centro José Guerrero, Diputación de Granada, Granada.© Vegap.

DESOCUPACIÓN DE LA ESFERA. CONCLUSIÓN EXPERIMENTAL Nº 2, VARIANTE, 1958, DE JORGE OTEIZA

Dentro de uno de los programas más queridos del Museo de Bellas Artes de Asturias, durante los meses de julio a octubre de 2019 una escultura de Jorge Oteiza (Orio, 1908 – San Sebastián, 2003) será la nueva Obra invitada. Se trata de una pieza titulada Desocupación de la esfera. Conclusión experimental nº 2, variante realizada por el artista vasco en 1958 y procedente de la Colección Liberbank.

Como bien es sabido, el Programa La Obra invitada tiene como objetivo traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo aproximado de tres meses distintas e importantes obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, en algunos casos porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección y, en otros, porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.

En esta ocasión, la escultura Desocupación de la esfera. Conclusión experimental nº 2, variante viene a enriquecer el discurso expositivo en torno a los artistas españoles en activo a mediados del siglo XX así como a completar la presencia de Oteiza en el Museo. En este sentido, la pinacoteca asturiana expone un modelo para Cabeza de Apóstol (Basílica de Aranzazu) en la primera planta del Edificio Ampliación que se verá incrementado con la presencia de la nueva Obra invitada.

En lo concerniente a la misma, cabe señalar que resulta un destacado ejemplo dentro de la trayectoria del artista puesto que supuso un importante logro en la investigación que éste mantuvo en torno a la Desocupación de la esfera.

Oteiza inició los primeros estudios de la serie dedicada a la esfera, a la que pertenece la Obra invitada, en 1956. Sin embargo, su importancia se corrobora por el hecho de que el propio artista, dentro de su investigación personal, le otorgó el sentido de “segunda conclusión experimental”.

Desocupación de la esfera. Conclusión experimental nº 2, variante se posiciona como una de las obras clave dentro de la trayectoria de Jorge Oteiza cuyo atractivo e importancia corroboran su presencia como nueva Obra invitada.

EL FOTÓGRAFO QUE NUCAN EXISTIÓ. JOSÉ ZAMORA MONTERO (1874-1953)

Exposición dedicada a la figura de José Zamora Montero (1874-1953), capataz de minas de la Real Compañía Asturiana de profesión pero con una riquísima y, hasta ahora, desconocida obra fotográfica a sus espaldas que será el objeto de la muestra titulada El fotógrafo que nunca existió. José Zamora Montero (1874-1953), presente en el Museo de Bellas Artes de Asturias desde mediados de julio hasta principios de octubre de 2019.

José Zamora Montero emigró a Asturias a finales del siglo XIX movido por el esplendor de la metalurgia del zinc en la región. A este respecto, a pesar de que no se dedicó profesionalmente a la fotografía lo cierto es que Zamora dejó un archivo de más de dos mil fotografías. Algunas de dichas instantáneas serán las protagonistas de esta rica e interesante muestra que el Museo de Bellas Artes de Asturias acogerá en el patio y salas de la planta baja del Palacio de Velarde entre el 25 de julio y el 6 de octubre.

Esta exposición nace de la investigación llevada a cabo por el historiador Juan Carlos de la Madrid (Avilés, 1963) y el archivero Alfonso García Rodríguez (Gijón, 1973) fruto de la cual la editorial TREA ha publicado un libro que lleva por título Fotografía, industria y trabajo. José Zamora Montero (1874-1953). Debido al interés suscitado y a lo valioso del material recopilado, la pinacoteca asturiana ha querido ser partícipe y difusora del mismo descubriendo al público la obra de este interesante y desconocido profesional.
Las instantáneas que conforman esta muestra son, por lo tanto, un documento de primera línea para reconstruir no sólo la historia de la fotografía y las trazas de una industria metalúrgica del momento sino también el perfil, el trabajo y hasta las caras de los trabajadores que a ella entregaron casi toda su vida. Junto a estas fotografías, en la muestra también se podrán contemplar otras instantáneas de índole familiar en donde la intimidad y el entorno de Zamora quedarán al descubierto.

Manuel López Rodríguez

Manuel López Rodríguez.

Juan Sánchez Pérez

Juan Sánchez Pérez.

IMAGO URBIS. LAS CIUDADES ESPAÑOLAS VISTAS POR LOS VIAJEROS (SIGLOS XVI-XIX)

Hoy, en pleno siglo XXI, la tecnología digital permite al espectador “viajar” virtualmente por lejanas ciudades y fascinarse ante los detalles de las reproducciones urbanas de la era digital. No obstante, la atracción por las representaciones de ciudades tiene una larga tradición histórica. De hecho, fueron los primeros experimentos renacentistas con la perspectiva visual los que marcaron el nacimiento del retrato de ciudades como género artístico definido, impulsado desde mediados del siglo XVI por el desarrollo de la imprenta, la curiosidad geográfica y la difusión comercial de los libros de ciudades. En ese panorama de éxito de la imagen urbana en la Europa de la Edad Moderna, las “exóticas” ciudades españolas fueron revisitadas incansablemente, creando un repertorio de vistas urbanas basado en la mirada del otro: el viajero, el editor o el dibujante extranjero.

Para analizar la evolución de la imagen artística de las ciudades españolas desde el siglo XVI hasta la aparición de la fotografía surge la exposición Imago urbis. Las ciudades españolas vistas por los viajeros (siglos XVI-XIX), que se nutre del importante fondo de libros ilustrados de viajes que conserva el Museo de Bellas Artes de Asturias completado con fondos procedentes de la Biblioteca de la Universidad de Oviedo, la colección de obra gráfica de la Universidad de Cantabria, la Biblioteca de Asturias “Ramón Pérez de Ayala”, la Biblioteca de Menéndez Pelayo, Archivo Lafuente y varias colecciones particulares.

A lo largo de más de cien obras (entre libros ilustrados, estampas, acuarelas, dibujos y óleos) se podrán contemplar los pioneros repertorios de vistas de ciudades en el Renacimiento y el Barroco (Braun, Münster, Lavanha, Colmenar, Texeira), para pasar después a los tiempos de la Ilustración (Villanueva, Ponz, Laborde, Bradford, Murphy, Brambrila) y a la nostálgica mirada de los viajeros románticos (Locker, Lewis, Roberts, Gail, Vivian, Girault de Prangey, Pérez Villaamil, Doré). Finalmente, la aparición de la fotografía (Clifford) y los primeros viajes en globo (Guesdon), junto a la expansión industrial burguesa, transformarán la percepción de la ciudad tradicional, completando este viaje visual y literario por la iconografía urbana, un género artístico aún fragmentariamente conocido y que permite -como pocos- pasear por los paisajes históricos.

La muestra, organizada por el Museo de Bellas Artes de Asturias y el proyecto de investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (FEDER/UE) “Culturas urbanas en la España Moderna” (universidades de Cantabria y Oviedo), ha sido comisariada por los catedráticos de Historia del Arte Luis Sazatornil y Vidal de la Madrid.

Genaro Pérez Villaamil, La catedral de Oviedo, 1846

Genaro Pérez Villaamil, La catedral de Oviedo, 1846

Charles Clifford, Vista de la calle San Juan y la torre de la catedral de Oviedo, 1854

Charles Clifford, Vista de la calle San Juan y la torre de la catedral de Oviedo, 1854

RETRATO DE FERNANDO VII, 1814, DE FRANCISCO DE GOYA

Desde el 14 de marzo hasta el 2 de junio de 2019, el Museo de Bellas Artes de Asturias acogerá en la sala 4 del Palacio de Velarde un impresionante retrato del monarca Fernando VII realizado por Francisco de Goya en 1814.

La obra fue encargada por el Consejo Municipal de Santander tras el cautiverio del Fernando VII en Valençay (Francia) y con la intención de ser colocado en la Sala Consistorial, donde residió hasta la muerte del rey, acontecida en 1833. Más tarde, el retrato quedó relegado al olvido durante un tiempo pasar finalmente a engrosar los fondos del Museo Municipal.

En la obra, Fernando VII es representado de cuerpo entero. Aparece vestido de Coronel de Guardias y lleva varias condecoraciones entre las que sobresalen la banda de la Orden de Carlos III y la gran venera de la Orden del Toisón de Oro que pende del cuello.

El rey apoya el brazo izquierdo sobre el pedestal de una estatua que representa una alegoría de España coronada de laurel y con los pechos descubiertos. Junto a ella, el pintor representó varios atributos que permiten identificar al personaje representado: el cetro, la corona y el manto de armiño.

A los pies del monarca el artista representó un león que sujeta unas cadenas rotas entre sus garras simbolizando, con ello, la liberación del pueblo español tras la expulsión de las tropas francesas.

La obra destaca por la viveza de los colores conseguidos por Goya, sobre todo, el rojo del chaleco y el del manto de armiño. Las pincelas presentan una importante carga matérica pese a la cual se consigue, sin embargo, una gran luminosidad por parte del artista.

El Programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, bien porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección, bien porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.

En esta ocasión, la obra de Francisco de Goya viene acompañada por otro retrato de Carlos IV ejecutado por Bernardo Martínez del Barranco en 1789.

Fernando VII realizado por Francisco de Goya en 1814.

Fernando VII realizado por Francisco de Goya en 1814.

Carlos IV ejecutado por Bernardo Martínez del Barranco en 1789.

Carlos IV ejecutado por Bernardo Martínez del Barranco en 1789.

JOSÉ RAMÓN CUERVO-ARANGO. MI PAISAJE

José Ramón Cuervo-Arango (Gijón, 1947) es uno de los nombres indiscutibles de la fotografía asturiana, cuya proyección se extiende más allá del ámbito nacional. En este sentido, su obra está presente en importantes colecciones de todo el mundo, entre ellas, la Bibibliothèque Nationale de París, el Musée nacionale d’Art Moderne Centre Pompidou (París), el Fotografie Forum Frankfurt am Main, el Centro Studi e Archivio della Comunicazione (Universidad de Parma), la Manfred Heiting Collection (Museum of Fine Art, Houston), la Biblioteca Nacional (Madrid) así como en instituciones y colecciones asturianas tales como el Museo Jovellanos (Gijón), la Fundación Princesa de Asturias o la Junta General del Principado, entre otros. No obstante, éstos son sólo algunos de los muchos lugares hasta los que ha llegado la personal obra de Cuervo-Arango.

Médico de profesión, José Ramón Cuervo-Arango compró su primera cámara hacia 1970. Comenzó entonces un proceso de formación autodidacta que le llevó, ya a finales de esa década, a encontrar su propio lenguaje, especialmente centrado en la interpretación de la luz, verdadera creadora, según reconoce el fotógrafo, de la imagen y esencia de su quehacer fotográfico.

Al igual que muchos compañeros de profesión, Cuervo-Arango ha centrado su atención en la naturaleza, temática que nuevamente estará presente en esta exposición que aglutina obras de sus todas sus etapas creativas.

A este respecto, para el fotógrafo la naturaleza resulta una fuente inagotable de inspiración, repleta de significado, misterio y, como no, disfrute. A través de ella y, por supuesto su captación fotográfica, el artista logra ya no sólo mostrar sus emociones sino, sobre todo, darle forma a las mismas.

La muestra titulada Mi paisaje, presente en el Museo de Bellas Artes de Asturias desde el 7 de marzo al 5 de mayo de 2019, presenta un nutrido número de fotografías del artista gijonés, con más de noventa instantáneas que, guardando su esencia habitual en blanco y negro, nos proyectaran el amor del fotógrafo por la Fotografía.

José Ramón Cuervo-Arango, Cerezales del Condado, León 2017

José Ramón Cuervo-Arango, Cerezales del Condado, León 2017

José Ramón Cuervo-Arango, Florestan y Eusebius, 1997

José Ramón Cuervo-Arango, Florestan y Eusebius, 1997