San Esteban

San Esteban

Luis de Morales (Badajoz, ca. 1510-1586)

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Fecha de ejecución:

ca. 1555-1560

Técnica:

Óleo sobre tabla

Medidas:

69 x 50 cm

Procedencia:

Adquisición, 2002

El cuadro San Esteban de Luis de Morales (Badajoz, ca. 1510-1586) se incorporó al Museo de Bellas Artes de Asturias en 2002 procedente de la colección Chicote de Valladolid. Datada hacia 1560, se incluye por sus características formales e iconográficas en la línea creativa de Luis de Morales, una de las figuras más destacadas en el ámbito pictórico español del siglo XVI. El “Divino” Morales, como fue llamado por Palomino en la que fue la primera biografía de este maestro badajocense, supo adaptar su pintura al gusto popular en un momento de ferviente religiosidad, generando una producción basada en la imagen mística y trascendente que precisaba la Contrarreforma.

San Esteban se muestra aquí en actitud contemplativa, dirigiendo su mirada hacia el cielo y con la piedra, atributo de su martirio, sobre su cabeza. El entorno que rodea al santo es un paisaje muy probablemente imaginado, habitual en el repertorio de Morales, como se puede apreciar en otros trabajos del artista. En este sentido, el Museo del Prado cuenta con una obra casi idéntica del mismo maestro, en cuya esquina superior izquierda se observa una figura de Cristo bendiciendo que no aparece en la versión de Oviedo. Ambas obras resumen perfectamente las características de la pintura de Morales, que asimila las novedades del renacimiento italiano, pero que se mantiene aún en la tradición hispanoflamenca. De hecho, bebe de modelos iconográficos basados en estampas de artistas italianos, flamencos o nórdicos, como Rafael o Durero, entre otros.

La figura se recorta sobre el fondo con una pincelada precisa, minuciosa, que nos permite apreciar detalles propios de los más prestigiosos miniaturistas de la época siguiendo la estela de la pintura flamenca. Sin embargo, este aspecto se intercala con zonas donde el color se vaporiza, generando una sensación de sfumatura leonardina característica del manierismo al que Morales se vinculará durante toda su trayectoria. La composición, piramidal, es de nuevo fruto de esa influencia italiana que será una constante en la obra de Morales. Es una pintura que, en definitiva, se vale de todos estos recursos para crear unos tipos humanos completamente “reales”, que se alejan del mero hecho artístico para remover los sentimientos y pasiones del espectador.