Arstusia, de Joan Fontcuberta

Miradas de Asturias

Miradas de Asturias

La Fundación María Cristina Masaveu Peterson presenta ARSTUSIA, de Joan Fontcuberta, cuarto proyecto de su serie Miradas de Asturias.

Miradas de Asturias es una iniciativa de largo recorrido de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson que promueve, desde el mecenazgo, la creación de un Fondo de obra inédita inspirada en Asturias a partir de la visión íntima y personal de prestigiosos fotógrafos, como Alberto García-Alix, José Manuel Ballester y Ouka Leele, todos ellos Premio Nacional de Fotografía.

Esta cuarta edición tiene como fotógrafo invitado a Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955); artista, docente, ensayista, crítico, promotor de arte y ganador de varios galardones, como el Premio Nacional de Fotografía y de Ensayo. Además, Joan Fontcuberta es el único español que ha recibido el prestigioso Premio Hasselblad, reconocimiento internacional en el ámbito de la fotografía que concede desde 1980 la Fundación sueca Hasselblad y que han recibido algunos de los fotógrafos más importantes del siglo XX, como Ansel Adams, Henri Cartier-Bresson, Richard Avedon, William Klein, Jeff Wall o Nan Goldin, entre otros.

ARSTUSIA es un vocablo que compone un anagrama de Asturias. Joan Fontcuberta trata en ARSTUSIA la fotografía como una “máquina anagramática”, como una piedra filosofal capaz de permutar experiencias posibles de la realidad. Para este alquimista de la luz y la sombra, la fotografía es polvo y tiempo, ARSTUSIA es entraña y memoria… Es una experiencia única y sensorial donde el espectador irá descubriendo, a través de sesenta cajas de luz, las imágenes que se esconden detrás de cada instantánea.

Además de realizar el catálogo de la exposición ARSTUSIA, la Fundación María Cristina Masaveu Peterson ha editado el libro de artista Trauma, realizado a partir de imágenes procedentes de diferentes fototecas asturianas, y que está presente en la exposición con una instalación hecha ex profeso para el atrio del museo. En Trauma Joan Fontcuberta propone la idea de unas imágenes enfermas: fotografías que sufren algún tipo de deterioro (patología) que perturba su función documental y las inhabilita para “vivir” en un archivo pero que las dota de una extraordinaria singularidad plástica.

Esta muestra, organizada por la Fundación María Cristina Masaveu Peterson con la colaboración del Museo de Bellas Artes de Asturias, se puede visitar en el Museo desde el 14 de mayo hasta el 28 de agosto de 2016.

Organiza: Fundación María Cristina Masaveu Peterson
Colabora: Museo de Bellas Artes de Asturias
Artista y comisario: Joan Fontcuberta
Diseño museográfico: Fundación María Cristina Masaveu Peterson

Más información:
www.fundacioncristinamasaveu.com
www.fontcuberta.com

AUSATRIS
AUSATRIS (Parque de la Vida, La Mata, Luarca), 2015
Joan Fontcuberta

Serie ARSTUSIA. Miradas de Asturias. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson

Fotografía. Impresión directa sobre Duratrans, con caja de luz led

Colección de Arte Contemporáneo Fundación María Cristina Masaveu Peterson

RUTSIASA de Fontcuberta
RUTSIASA (Maqueta, Grupo Asturiano de Módulos Ferroviarios H0, Gijón), 2015
Joan Fontcuberta

Serie ARSTUSIA. Miradas de Asturias. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson

Fotografía. Impresión directa sobre Duratrans, con caja de luz led

Colección de Arte Contemporáneo Fundación María Cristina Masaveu Peterson

SUARISTA de Fontcuberta
SUARISTA (Aliviadero Natahoyo, Gijón), 2015
Joan Fontcuberta

Serie ARSTUSIA. Miradas de Asturias. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson

Fotografía. Impresión directa sobre Duratrans, con caja de luz led

Colección de Arte Contemporáneo Fundación María Cristina Masaveu Peterson

SAURITAS de Fontcuberta
SAURITAS (Mina Carbonar, Vega de Rengos, Cangas del Narcea), 2015
Joan Fontcuberta

Serie ARSTUSIA. Miradas de Asturias. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson

Fotografía. Impresión directa sobre Duratrans, con caja de luz led

Colección de Arte Contemporáneo Fundación María Cristina Masaveu Peterson

SIASATRU
SIASATRU (Órgano, Basílica de Covadonga), 2015
Joan Fontcuberta

Serie ARSTUSIA. Miradas de Asturias. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson

Fotografía. Impresión directa sobre Duratrans, con caja de luz led

Colección de Arte Contemporáneo Fundación María Cristina Masaveu Peterson

SARISTAU de Fontcuberta
SARISTAU (Depósito de agua de Roces I, Gijón), 2015
Joan Fontcuberta

Serie ARSTUSIA. Miradas de Asturias. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson

Fotografía. Impresión directa sobre Duratrans, con caja de luz led

Colección de Arte Contemporáneo Fundación María Cristina Masaveu Peterson

SUTAIRAS
SUTAIRAS (Rotonda, Colunga), 2015
Joan Fontcuberta

Serie ARSTUSIA. Miradas de Asturias. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson

Fotografía. Impresión directa sobre Duratrans, con caja de luz led

Colección de Arte Contemporáneo Fundación María Cristina Masaveu Peterson

TARIASUS
TARIASUS (Ventanal gótico tapiado del Claristorio Bajo de la Capilla Mayor, Catedral de Oviedo), 2015
Joan Fontcuberta

Serie ARSTUSIA. Miradas de Asturias. Mecenazgo. Fundación María Cristina Masaveu Peterson

Fotografía. Impresión directa sobre Duratrans, con caja de luz led

Colección de Arte Contemporáneo Fundación María Cristina Masaveu Peterson

Vestido de noche en crespón de seda negro, 1968, de Cristóbal Balenciaga

El Programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, bien porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección, bien porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.

La pieza escogida para el primer cuatrimestre de 2016 es Vestido de noche en crespón de seda negro y guarnición de cinta aplicada de lentejuelas, guipur y cristales facetados, creado por el diseñador Cristóbal Balenciaga en 1968 y procedente del Museo Cristóbal Balenciaga de Getaria (Guipúzcoa). Se trata del primer traje que forma parte del mencionado Programa, escogido para la ocasión por la particular relación que unió a Balenciaga con el pintor asturiano Luis Fernández (1900-1973), en cuya sala monográfica se expondrá el vestido. Ambos estuvieron unidos por una estrecha amistad y, además, el segundo coleccionó varias obras del primero. Así mismo, Balenciaga también fue amigo y/o coleccionista de otros artistas representados en el Museo, como José Caballero (1916-1991), cuya obra se expone también en la primera planta de la Ampliación.

Cristóbal Balenciaga (1895-1972) es uno de los más destacados e influyentes creadores de moda del siglo XX. Desde su infancia, tuvo la posibilidad de acceder al guardarropía de la marquesa de Casa Torres, donde absorbió conceptos sobre la elegancia y la calidad de los materiales que serán fundamentales para su carrera. Ya en sus inicios como modisto en San Sebastián se caracterizó por ser un trabajador incansable y perfeccionista, gran empresario y elegante persona. Rodeado de un círculo de personas de su entorno más próximo, trabajó con ellos en sus talleres de costura hasta el cierre de los mismos, en 1968. La apertura en 1937 del Salón de París fue su consolidación absoluta a nivel internacional, siendo entonces apreciado por Christian Dior como “el maestro de todos nosotros”. En cuanto a su concepto de elegancia se va modificando a lo largo de los años, con sutiles matices y gran coherencia, como se puede apreciar en la línea Tonneau de 1947, el semi-fit de 1952, la túnica de 1955 y el vestido saco o el vestido Baby-doll de 1958.

Balenciaga logró una de las mayores contribuciones a la moda femenina del siglo XX: la definición de una nueva silueta. Mediante innovadores cortes se diferencia del hito creado por Dior (el llamado New Look) y libera el cuerpo de la mujer a través de volúmenes sorprendentes. La importancia de un elemento invisible, que envuelve el cuerpo femenino y soporta el volumen del vestido, es apreciable en todas sus creaciones.

Vestido de noche en crespón de seda negro, perteneciente a Sonsoles de Icaza y León, marquesa de Llanzol, es una de las últimas creaciones de Cristóbal Balenciaga. Se presentó en febrero de 1968 en los salones de la Avenida Georges V de París como el modelo 173 de la colección. Posteriormente las maniquíes lo pasaron en los salones de Madrid, Barcelona y San Sebastián, pertenecientes al mismo modisto, y también en los salones de algunos exclusivos grandes almacenes estadounidenses como Bergdorf Goodman.La línea túnica envuelve con un solo paño de tejido casi la totalidad del cuerpo femenino, siguiendo los principios del minimalismo constructivo y manteniendo los mismos preceptos que el arquitecto austriaco Adolf Loos. Su máxima, “elimina lo superfluo”, que como mentor le traslada a su amigo Hubert de Givenchy, se aprecia magníficamente en este vestido. El único adorno del mismo, los tirantes-joya, ensalza la silueta femenina en su recorrido y oculta los escasos y estudiados cortes que son necesarios para la construcción de la túnica. La sobriedad del corte se enfatiza además mediante la fluidez del crespón, mientras se contrarresta con un profundo escote en la espalda, recurso muy habitual en la creaciones de Balenciaga. Esta Obra invitada del Museo del Bellas Artes de Asturias se puede considerar como un baluarte en el que se muestran las características indispensables de la obra del modisto de Getaria: minimalismo, simplicidad, comodidad y elegancia.

Vestido de noche en crespón de seda negro, 1968, de Cristóbal Balenciaga. Fotografía: Manuel Outumuro. Colección Cristóbal Balenciaga Museoa, Getaria.

Vestido de noche en crespón de seda negro, 1968, de Cristóbal Balenciaga. Fotografía: Manuel Outumuro. Colección Cristóbal Balenciaga Museoa, Getaria.

El vaciado de la huella belga, de Carlos Suárez

El vaciado de la huella belga es un proyecto resultado de las investigaciones que el artista Carlos Suárez (www.carlossuarez.eu) ha realizado en los últimos años en torno a la memoria y la identidad como eje central de reflexión.

En esta ocasión esa reflexión parte del concepto del Archivo como ese lugar donde los vestigios de memoria resisten noblemente al paso del tiempo. El archivado, los procesos de búsqueda de documentos y objetos y su posterior jerarquización configuran un proceso fascinante de almacenar la memoria y salvar la historia como contraofensiva a la pulsión de muerte que nos empuja a la autodestrucción, al olvido y a la aniquilación de los recuerdos.

Carlos Suárez reivindica el potencial artístico extraordinario de estas acciones a partir del Archivo de la Real Compañía de Minas-Asturiana de Zinc (Arnao, Castrillón), que se implementa con el análisis de las relaciones entre trabajadores asturianos y empresarios belgas a principios de siglo, las migraciones y desplazamientos de uno a otro lugar, las cartas y cuentas que lo testifican, el trabajo y el esfuerzo que emerge de cada uno de los objetos y rincones, piezas todas estas que constituyen el entramado sobre el que se construyó nuestra identidad y sociedad actual.

En concreto la exposición, instalada en la planta baja del Palacio de Velarde, gira en torno a cuatro ejes y está protagonizada por seis piezas de diversos materiales y formatos, que abarcan desde la instalación a objetos y fotografías.

El primer eje es la confrontación entre “El vacío y la huella” como proceso a través del cual se nos revela la historia. El vacío hace referencia a la historia ausente, aquella que nunca se ha narrado. En este sentido, una instalación formada por 170 cajas de zinc que albergaron la memoria del archivo desde 1833 y que ahora se adueña, como un gran muro, de la sala de exposiciones del Palacio de Velarde, sería la pieza más emblemática. Mientras, la huella alude a los testimonios que sí han permanecido, en este caso, los de los propios vestigios del archivo y también de los trabajadores que dieron su vida y energía por la empresa, cuyas marcas dactilares presiden el testero de la sala.

La utilización de objetos y piezas del propio archivo a modo de “Arqueologías de la memoria“, que posteriormente Carlos Suárez reinterpreta y descontextualiza para enlazar con la contemporaneidad, sería el segundo de los ejes. Ejemplo de este eje es la pieza titulada El esplendor de las ciudades, en la que el artista simula la construcción de una ciudad en miniatura a partir de los tipos que sirvieron para editar los catálogos con objeto de comercializar elementos decorativos para arquitecturas urbanas.

El tercero es la “Relación colonial“, de ida y vuelta, establecida desde 1833 entre empresarios belgas y trabajadores asturianos, a partir de la cual se configuraron historia y sociedad a uno y otro lado. Algo que el artista plasma en un díptico fotográfico. Por último, la enorme pieza Más de 80 kilos. Transportable por dos trabajadores, situada en el patio central del Museo, dialogando con las columnas que sustentan el Palacio de Velarde y que enlaza la muestra con las dos plantas superiores, hace referencia a la “Tensión, esfuerzo y trabajo”, señas de identidad sobre las que se construyó la sociedad asturiana.

A través de este proyecto y de las conexiones entre los distintos objetos, memoria e ideas, Suárez nos acerca en suma al proceso de reinterpretación de la historia asturiana, del entramado sobre el que se construyó nuestra identidad y sociedad actual. Nos acerca a una historia de trabajo y de esfuerzo, de migraciones y desplazamientos de uno a otro lugar, que queda evidenciado por cartas, cuentas y huellas. Su labor, la de “archivero-artista”, es en sí misma la propia obra de arte que quiere reivindicar. La labor de contar una historia, establecer un discurso, recuperar la memoria, indagar, investigar…

Carlos Suárez (Avilés, 1969) es Doctor en Bellas Artes por la Universidad de Vigo y licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca.

De sus primeros proyectos se pueden destacar las exposiciones Mi País, Antiguo Instituto Jovellanos (Gijón, 2000); Mares de otro mundo, Galería Almirante (Madrid, 2004), o su presencia en la IX Bienal de Arte Ciudad de Oviedo (2000).

A partir del año 2008 su obra da un giro hacia la investigación de las relaciones entre el ser humano y el territorio, la especulación de la propiedad, la memoria y la identidad colectiva. Resultado de ello son muestras como Ciudad Satélite, Galería Adriana Suárez (Gijón, 2011); No memory. Cities in the world, CMAE (Avilés, 2013); Timeless city, Factoría Cultural, (Avilés, 2014); la propuesta Promesas de Bucarest (Gloria Helmound, 2013) o el proyecto colectivo Neste Universo, Centro da memoria de Vila do Conde (Portugal 2014).

Ha participado en las ferias internacionales ARCO 2004 y 2005, MACO 2005 (México DF) con la Galería Almirante de Madrid y en Just Madrid, 2014.

En el año 2015 recibe el Premio Extraordinario de Doctorado de la Universidad de Vigo por sus investigaciones que vinculan las producciones artísticas contemporáneas con los desplazamientos de personas, la memoria y la identidad en el contexto de la Unión Europea.

Esta muestra cuenta con el copatrocinio de: Asturiana de Zinc, S.A.U., una compañía Glencore.

Logo ESPAÑOL SAU

El vaciado de la huella belga

El vaciado de la huella belga, de Carlos Suárez

El vaciado de la huella belga

El vaciado de la huella belga, de Carlos Suárez

El vaciado de la huella belga

El vaciado de la huella belga, de Carlos Suárez

El vaciado de la huella belga

El vaciado de la huella belga, de Carlos Suárez

El vaciado de la huella belga,

El vaciado de la huella belga, de Carlos Suárez

El vaciado de la huella belga

El vaciado de la huella belga, de Carlos Suárez

Virgen con el Niño, ca. 1660-1665, de Bartolomé Esteban Murillo

Programa la Obra Invitada

Virgen con el Niño (ca. 1660-1665) de Bartolomé Esteban Murillo es La Obra invitada del Museo para el primer cuatrimestre de 2015. Procedente de la Colección Masaveu, se trata de una obra paradigmática del pintor, en la que se muestra toda la humana divinidad de la Virgen y de Cristo.

El Programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, bien porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección, bien porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.

La obra escogida para este primer cuatrimestre de 2015 ha sido el lienzo Virgen con el Niño (ca. 1660-1665), realizado por el pintor barroco Bartolomé Esteban Murillo y prestado para la ocasión por la Colección Masaveu, una de las principales colecciones privadas de arte en España. Intensamente vinculada desde sus orígenes a Asturias, el núcleo fundacional de la Colección Masaveu fue constituido por D. Pedro Masaveu Masaveu (1886-1968), e incrementado extraordinariamente por su hijo, D. Pedro Masaveu Peterson (1939-1993). A su muerte, su única heredera y hermana, María Cristina Masaveu Peterson (1937-2005), salvaguarda de la Colección familiar, decidió entregar en calidad de dación tributaria 410 pinturas que constituyen la Colección Pedro Masaveu, depositada en el Museo de Bellas Artes de Asturias. En la actualidad, la gestión y cuidado de la Colección Masaveu han sido cedidos a la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, que ahora avanza en la difusión y estudio de este extraordinario legado.

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617-Cádiz, 1682) es uno de los grandes nombres de la pintura española de la Edad Moderna. Perteneciente a la segunda generación de maestros del barroco, se formó en los últimos destellos del primer naturalismo de la mano del pintor Juan del Castillo, asimilando después, hacia la década de 1650, las formas del pleno barroco. Murillo desarrolló su carrera en y para Sevilla, y su éxito se basó fundamentalmente en su personal tratamiento de los temas religiosos, en los que fusionaba elementos italianos y flamencos con la tradición hispánica.

Virgen con el Niño (ca. 1660-1665) de Bartolomé Esteban Murillo. Colección Masaveu

Virgen con el Niño (ca. 1660-1665) de Bartolomé Esteban Murillo. Colección Masaveu

 
Paradigma de su producción es precisamente el cuadro Virgen con el Niño, también conocido como La Madonna Masaveu. Pintado hacia 1660-1665, en su primera madurez, es una obra de afortunada simplicidad y singular atractivo, basado en el aplomo de los personajes iluminados directamente, en su suave gestualidad y en el colorido profundo de las ropas de la Virgen. En el grupo, de carácter compacto, sobresale la sensación de severidad mezclada con dulzura y la mirada directa al espectador de Madre e Hijo. Característicos resultan también el modelo femenino y su delicado gesto protector, correspondido por el Niño, que posa la mano sobre un seno. Esta sencilla conexión no es, como ha señalado el especialista en pintura barroca Ángel Aterido, una banal muestra de afecto, sino que manifiesta la naturaleza humana de Cristo. En cambio, su divinidad sólo es destacada con el breve destello luminoso alrededor de su cabeza.

Este espléndido lienzo preside durante su exposición la sala barroca de la principal pinacoteca asturiana. Además, coincidiendo con su exhibición se expondrán en la misma sala otras dos obras del artista presentes en las colecciones del Museo: San Pedro y San Fernando, depósito este último del Museo Nacional del Prado.

Por otra parte, en torno a la Obra invitada se ha articulado un intenso programa de actividades, que incluye desde conferencias a visitas guiadas así como un ciclo de cine, las cuales contribuirán sin duda a la difusión y mejor conocimiento del cuadro.

Homenaje al pintor Paulino Vicente en el XXV aniversario de su fallecimiento

En 2015 se celebra el veinticinco aniversario de la muerte de Paulino Vicente, que falleció en Oviedo el 13 de agosto de 1990. Coincidiendo con esta efeméride, el Museo de Bellas Artes de Asturias ha organizado esta exposición homenaje, que reúne medio centenar de obras realizadas por el pintor entre 1918 y 1973 y escogidas de entre los fondos de la propia pinacoteca y los conservados por los familiares del artista. Esta selección de pinturas y dibujos nos descubre a un pintor preciso en el trazo y diestro en el manejo del color, enraizado con los clásicos pero también innovador; a un creador que, a lo largo de su vida, y a través de los distintos géneros que practicó, realizó una crónica humana y geográfica de toda una generación.

Aunque el propio Paulino Vicente siempre consignara como fecha de nacimiento el año 1900, vino en realidad al mundo en Oviedo el 5 de noviembre de 1899, sintiendo la vocación artística desde fechas muy tempranas. Estudió primero en el Círculo Católico de Oviedo y en la Escuela de Artes y Oficios de la capital asturiana y, gracias a una beca de la Diputación, continuó su formación en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, pasando entonces a formar parte del grupo de artistas e intelectuales de la Residencia de Estudiantes, especialmente del integrado por los asturianos Antonio y Eduardo Torner, Antón Capitel, Ángel Muñiz Toca, Julio Gavito y Jerónimo Junquera. Entre 1929 y 1931 se perfeccionó en Italia con otra beca de ampliación de estudios en el extranjero de la Diputación. A partir de 1933 compaginaría la pintura con la docencia artística en los institutos de enseñanza media de Sama de Langreo, Aramo y Alfonso II de Oviedo, y durante un corto periodo de tiempo (de 1932 a 1934) en la Academia Provincial de Bellas Artes. Después de la guerra civil desempeñó diferentes cargos institucionales, como el de jefe de Artesanía (1941) y el de restaurador de obras de arte de la Diputación Provincial (1952). En 1979 fue nombrado hijo predilecto de Oviedo y en 1990 de Asturias, obteniendo ese mismo año la medalla al mérito en las Bellas Artes.

Paulino Vicente practicó diversos géneros, principalmente pintura costumbrista, paisaje, incluyendo vistas de ciudades (como los rincones de su querido Oviedo), bodegones, pintura religiosa y retratos. Este último supone casi el ochenta por ciento de su producción. Retratista predilecto de la burguesía ovetense desde los años cuarenta, inmortalizó también a muchos de los personajes españoles y extranjeros más importantes de su tiempo, algunos de ellos en su célebre serie de “Españoles fuera de España”. Fue, además, un excelente muralista y dibujante.Con esta muestra el Museo quiere rendir un homenaje a este creador, tan vinculado al ambiente artístico ovetense y asturiano.

De andecha, 1925, de Paulino Vicente

De andecha, 1925, de Paulino Vicente

Cajas. 10 propuestas de cerámica artística en Asturias

La exposición Cajas. 10 propuestas de cerámica artística en Asturias, es continuación de las celebradas en este mismo Museo en 2007 y 2011, bajo los títulos Entre cuencos. 12+1 propuestas de cerámica artística en Asturias y Vasos. 10 propuestas de cerámica artística en Asturias.

Comisariada por Alfonso Palacio, director de la pinacoteca, y por el prestigioso ceramista Manuel Cimadevilla, este nuevo proyecto ha reunido, como en ocasiones anteriores, a una serie de artistas asturianos pertenecientes a distintas generaciones, cultivadores de distintas disciplinas y exponentes de los más variados estilos, a los que se les ha dado la posibilidad de acercarse a la cerámica artística -que apenas o nunca habían cultivado hasta ese momento- de la mano de Manuel Cimadevilla. También, como en aquellas ocasiones, de lo que se trata mediante esta experiencia es de seguir fomentando el trabajo conjunto y en plano de igualdad entre la figura del ceramista y la del pintor o escultor que se enfrenta con su bagaje a un nuevo campo de experimentación técnica y formal, plasmando todo su universo artístico en las reducidas dimensiones de una serie de cajas de porcelana y gres y venciendo las dificultades técnicas gracias al apoyo especializado de Cimadevilla.

Así mismo, las condiciones de partida de Cajas. 10 propuestas de cerámica artística en Asturias fueron similares a las fijadas en 2007 y 2011. Si en la primera edición de este proyecto se escogió el cuenco como forma a partir de la cual realizar este trabajo de experimentación, y en la segunda el vaso, en esta tercera fase se ha elegido una tipología distinta aunque igualmente versátil, la de la caja.

Los artistas seleccionados son: María Álvarez, Carlos Álvarez Cabrero, Irma Álvarez-Laviada, Juan Fernández, Francisco Fresno, Adolfo Manzano, Jorge Nava, Pablo de Lillo, Carlos Suárez y Javier Victorero. Cada uno de ellos ha acudido por separado al taller con el fin de realizar una serie de piezas en porcelana y gres, sin tener ninguna referencia sobre el trabajo realizado por sus compañeros, y presenta ahora en la muestra tres piezas cerámicas de pequeño formato y una serie de dibujos, apuntes y bocetos previos al trabajo cerámico, seleccionados de entre los llevados a cabo y que reflejan sus reflexiones sobre cartulina blanca o negra.

Así, María Álvarez Morán (Luanco, 1958) resume en sus cajas su mundo leve, frágil, creado a base de delicadas armonías formales y cromáticas, tan opuesto al de Adolfo Manzano (Bárzana de Quirós, 1958), cuyas cerámicas están dotadas de una fuerte dimensión escultórica, e incluso poética, incluyendo una de ellas un breve texto. El pintor figurativo Juan Fernández (Piedras Blancas, 1978) despliega toda su hondura retratística llenando sus cajas de formatos redondeados con sus habituales figuras estilizadas y desnudas, en las que es perceptible su maestría en la línea, en el trazo. También de resonancias figurativas son las cajas de Francisco Fresno (Villaviciosa, 1954), aunque en su caso protagonizadas por hojas de árboles, elementos de la Naturaleza que le permiten reflexionar sobre la misma, en un entorno natural incomparable como el del taller de Cimadevilla en Villabona. La naturaleza es también la protagonista de las obras de Pablo de Lillo y de Jorge Nava. Así, el mundo orgánico marino invade las tapas y contenedores de las cajas de Pablo de Lillo (Avilés, 1969), mientras Jorge Nava (Gijón, 1980) las llena con sus personales motivos zoomórficos y fitomórficos. Diametralmente opuestas son las “cajas-sepultura” y “cajas chinas” de Carlos Álvarez Cabrero (Oviedo, 1967), plagadas de mordacidad, iconoclastia, y de una característica expresividad no del todo ajena al mundo del cómic. Más geométricas son las propuestas de Irma Álvarez-Laviada, Carlos Suárez y Javier Victorero. La gijonesa Irma Álvarez-Laviada (1978) investiga en la descomposición del formato caja en módulos, donde contrastan los llenos y los vacíos. Coincide con Javier Victorero (Oviedo, 1967) en la decoración geométrica, aunque en el caso de este último más esencial y concentrada, con un vigor cromático muy neogeo. Por último, Carlos Suárez (Avilés, 1969) trabaja en la idea de caja como cubo partido, enfatizando también, al igual que Irma, la tensión entre llenos y vacíos.

Cajas. 10 propuestas de cerámica artística en Asturias

Cajas. 10 propuestas de cerámica artística en Asturias. Fotografía: Marcos Morilla.

Retrato del pintor Fermín Arango, ca. 1934, de Ignacio Zuloaga

El Programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, bien porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección, bien porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.

La obra escogida para este último cuatrimestre de 2015 ha sido el lienzo Retrato del pintor Fermín Arango, ca. 1934, de Ignacio Zuloaga, procedente del Museo Ignacio Zuloaga de Pedraza de la Sierra (Segovia), que se expondrá entre el 15 de octubre de 2015 y el 10 de enero de 2016 en la sala 18 del edificio de la Ampliación.Ignacio Zuloaga y Zabaleta (Éibar, Guipúzcoa, 1870-Madrid, 1945) es uno de los artistas más destacados de la pintura figurativa española del cambio de los siglos XIX a XX. Muy vinculado al ambiente artístico de París, su pintura se desarrolló primero en la órbita del postimpresionismo, caracterizándose por una fina sensibilidad cromática e influida por Degas, Manet y el simbolismo. Más tarde dio un giro y pasó a inclinarse por una paleta oscura y matérica, de marcado claroscuro, así como por composiciones rotundas, de dibujo preciso y fuerte, en las que incide en la teatralidad y en un fuerte efectismo visual. Sus expresionistas paisajes en la tradición de El Greco, Velázquez y Goya, sus expresivos retratos y sus temáticas de majas, enanos y toreros lo vinculan entonces a la visión tremendista de la Generación del 98, de la que se convierte en paradigma. Ya al final de su vida, a partir del inicio de la década de los años treinta, se interesó por los paisajes y bodegones (a los que hasta entonces no había dedicado, como tema independiente, demasiada atención) y, sobre todo, por los retratos de personalidades de su círculo próximo.

Retraro del Pintor Fermín Arango

Retraro del Pintor Fermín Arango, ca. 1934, de Ignacio Zuloaga

Claro ejemplo de su labor como retratista de su círculo íntimo es este cuadro, que representa al pintor asturiano Fermín Arango (Santalla de Oscos, Asturias, 1874-Pontoise, París, 1962). En este retrato Zuloaga mira a Arango de pintor a pintor, y por ello lo inmortalizada de cuerpo entero, en posición de tres cuartos, pintando un lienzo al aire libre en la cima de una loma. Arango aparece con la paleta y los pinceles en las manos, mientras una caja con otros pinceles, frascos y tubos de pintura se encuentra a sus pies y, algunos de estos últimos, sobre el mismo suelo. Una capa oscura, como la mayor parte de su atuendo, cubre su cuerpo. En su figura sobresale la cabeza, muy bien perfilada e iluminada, con su cabello y barba canos, así como con una penetrante mirada que se clava directamente en la del espectador. Toda la figura se recorta sobre un fondo aborrascado de grises nubarrones, característico de otros cuadros de Zuloaga. La pincelada es larga y notablemente empastada. En opinión de Javier Barón, “es seguro que Zuloaga vio en las facciones de Arango la nobleza propia del antiguo hidalgo español”, como las había observado también en su tío Daniel y en su amigo Pablo Uranga, a quien había hecho en 1905 un retrato que, según el citado autor, parece presagiar el de Arango.

Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor

La acción-instalación Nuevo Paraíso, es un proyecto específico creado por Vicente Pastor (Barcellina, Luarca, 1956) para el edificio de la Ampliación del Museo de Bellas Artes de Asturias.

Nuevo Paraíso es el título de la instalación resultado de la acción llevada a cabo por el artista Vicente Pastor (Barcellina, Luarca, 1956) en el Museo de Bellas Artes de Asturias el pasado 14 de julio. Se trata de una obra con una fuerte carga geopolítica, social y artística, generada durante un proceso de desvelamiento y montaje de la pieza que tuvo unos cincuenta minutos de duración. La pieza principal, tanto de la acción como de la instalación, es un barco, bautizado en su proa precisamente como “Nuevo Paraíso”, y que es contemplado como ave fénix que renace para recuperar la dignidad perdida a través de un ritual chamánico que pone en valor los elementos primigenios, la esencia de las cosas, la relación entre la Vida y el Arte.

Este ritual comenzó en torno a un gran arcón de hierro oxidado que ocupaba, sobre una superficie de lona negra que cubre la totalidad del suelo, el centro del atrio de la Ampliación. Abierto de forma violenta, a golpes y martillazos, de él fueron sacando Vicente Pastor y sus tres ayudantes (Mel, Gerardo y Ernesto) todos los objetos que formarían parte de la intervención: troncos de árboles, ramas con hojas, colas de caballo, bidones, barro y fregonas y, por último, una gran caja de transporte que contenía el protagonista de la intervención: la maqueta del transatlántico “Nuevo Paraíso”, al que el arcón sirvió enseguida como peana, construyéndose después sobre él una especie de cabaña protectora, hecha con troncos y ramas, reforzado por el valor ancestral de las colas de asturcón que se dispusieron a su alrededor. La performance concluía con un “toque pictórico”, con una capa de barro líquido que, aplicado a base de “brochazos” de fregona rodearía toda la estructura principal de la instalación. Según afirma el propio artista, esta acción-instalación nos habla del Arte en Asturias, de su fragilidad y del abandono por parte de las instituciones. Y es que, para Pastor, parece que el arte asturiano estuviera, como el barco, encerrado en una caja y sin que nadie mire para él, un Arte que, a través de esta intervención, reivindica sacar a la luz.

Toda la acción ha sido desarrollada con un marcado proceso de concentración, siguiendo un ritmo natural, definido por el sonido del agua (del mar y de la lluvia) y por el ritmo adagio de un metrónomo. El artista destaca cómo este ritmo natural se opone al frenético en el que vivimos día a día, en el que no procesamos nada por la cantidad de información visual y auditiva que nos rodea. Un día a día en el que todo se engulle sin reflexionar, en el que prima solo lo nuevo, lo espectacular.

Acompañada de una proyección en la que se alternan elementos de la vida diaria del artista en Luarca, la instalación Nuevo Paraíso se podrá visitar hasta el próximo 13 de septiembre. Hasta esa fecha, la obra de José María Navascués permanecerá expuesta en la sala contigua, en íntimo diálogo con Vicente Pastor.

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor. Fotografía: Marcos Morilla.

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor. Fotografía: Marcos Morilla.

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor. Fotografía: Marcos Morilla.

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor. Fotografía: Marcos Morilla.

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor. Fotografía: Marcos Morilla.

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor. Fotografía: Marcos Morilla.

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor

Un momento de la acción Nuevo Paraíso, de Vicente Pastor. Fotografía: Marcos Morilla.

Copa Doble, 1991, de Eva Lootz

Copa doble, 1991, de Eva Lootz es La Obra invitada del Museo para el segundo cuatrimestre de 2015. Procedente de la Colección Liberbank, su autora es una de las principales referentes de la escultura española de las últimas décadas.

El Programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, bien porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección, bien porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.

La obra escogida para este segundo cuatrimestre de 2015 ha sido la escultura Copa doble, 1991, realizada por la artista austriaca Eva Lootz y prestada para la ocasión por la Colección Liberbank, una de las principales colecciones de banca en Asturias.

La artista austriaca Eva Lootz (Viena, 1940), que reside en España desde mediados de los años sesenta, es uno de los principales referentes de la escultura de las últimas décadas. De hecho, junto con Adolfo Schlosser (1939-2004), tuvo un papel pionero en la nueva escultura española, desarrollada principalmente a partir de los años ochenta y que tendría su primera visualización pública en la exposición En tres dimensiones, organizada en Madrid por la Fundación Caja de Pensiones en 1984.

La escultura presentada en el Programa La Obra invitada del Museo de Bellas Artes de Asturias formó parte en 1992 de una interesante exposición en la galería Juana de Aizpuru de Madrid. Esta muestra apuntó a una nueva dirección de su obra definida por una composición escenográfica y minimalista del espacio con piezas que exhibían de forma asertiva su cualidad de objeto escultórico, mediante su forma depurada, su gran tamaño y el uso de un material tradicional como el bronce.

Copa doble es una pieza en bronce dorado, de 162 centímetros de altura, compuesta por dos copas tan unidas que visualmente parecen formar una sola unidad bifurcada. En la poética de Lootz, las copas en bronce dorado se relacionan con la forma atávica del cono y de la montaña, al tiempo que reflexionan en torno al concepto de polaridad, como juego de lo positivo y lo negativo, o contraposición, como en este caso, del cono vacío del vaso y el lleno de su base. Además, la obra se constituye como una metáfora visual de lo femenino en el arte, algo muy habitual en su producción posterior, representándolo en este caso a través de un contenedor que alude a los conceptos de pérdida o agujero, que la artista configura como una forma de belleza fría y depurada.

Copa doble es la primera obra escultórica del Programa y la primera en exhibirse en el recientemente inaugurado edificio de la Ampliación, pues presidirá la sala 27, en la segunda planta del edificio de Mangado, arropada por otros artistas que contribuyeron a la renovación de la pintura y la escultura en los años ochenta como los pintores Miquel Barcelò, José Manuel Broto, Miguel Ángel Campano y José María Sicilia, y escultores como Miquel Navarro.

Copa doble, 1991, de Eva Lootz. Colección Liberbank

Copa doble, 1991, de Eva Lootz. Colección Liberbank

Homenaje a Orlando Pelayo en el 25 aniversario de su muerte

El Museo de Bellas Artes de Asturias expone una selección de veintiséis obras de entre la amplia producción que el Bellas Artes posee de Orlando Pelayo (22 dibujos, 6 esculturas, 13 estampas y 33 pinturas). Con esta muestra, que coincide con el veinticinco aniversario de la muerte del pintor, el Museo quiere rendir homenaje a quien sin duda ha sido uno de los artistas de mayor proyección internacional nacidos en nuestra región. El 15 de marzo de 2015 se cumplen veinticinco años del fallecimiento de Orlando Pelayo (1920-1990), pintor nacido en Gijón que se vio obligado a marchar de España en 1939 con rumbo, en un primer momento, a Orán. En la ciudad argelina residió hasta 1947, frecuentando el rico ambiente artístico e intelectual de aquel lugar y entrando en contacto con escritores de la talla de Albert Camus y Jean Grenier, con los que siguió viéndose en su siguiente destino, París.

En la capital gala Pelayo comenzó a realizar un arte de marcado acento expresionista, que se combinaba con la asimilación de las enseñanzas postcubistas, hasta 1955, fecha en que el pintor inició una nueva etapa caracterizada por un intento de aunar la descomposición en planos del motivo representado, también de ascendencia cubista, y la utilización de un brillante colorido, próximo al fauvismo, y que le valió la aplicación del calificativo de “solar”. Esta serie de obras, de entre las que el Museo expone ahora en la segunda planta del Palacio de Velarde el óleo titulado Ícaro (1958), preludiaron su inmersión en la abstracción, en una etapa que se prolongó entre 1959 y 1962, y a la que pertenece su serie Cartografías de la ausencia, ejemplificada en la muestra con Asturias del recuerdo y Paisaje.

En 1962 la figura volvería a aparecer en su obra con su serie Retratos Apócrifos, a la que siguieron hasta el final de su vida otras como La Pasión según Don Juan, Historias de España, Relatos, Anales Apócrifos e Historias Apócrifas, las cuales evidenciaban en el título su obsesión por revisar los orígenes de su patria de una manera no real pero sí verosímil. Poblada de personajes espectrales y de una luz como procedente del más allá, tal y como se percibe en lienzos como La Celestina y Los Oteadores, la pintura de este artista, caracterizada por una gran agilidad y espontaneidad, empezó a trascender a partir de ese momento la anécdota para proyectarse hacia una intemporalidad en la que siempre se dio una gran importancia al juego con el color y la materia.

El año 1972 marcó un punto de inflexión en esta última línea de creación formal, la cual se caracterizará a partir de entonces por el uso del acrílico y el cambio en la composición de sus figuras, que de espectros se transforman en seres con cabeza esférica, torso sin extremidades y conexiones tubulares.

Además de pintor, Orlando Pelayo fue autor de una más que destacable obra gráfica y de una no muy amplia pero sí interesante producción escultórica. De esta última se expone también ahora una breve representación a través de los pequeños bronces Figura y Menina.

Los oteadores, 1967, de Orlando Pelayo

Los oteadores, 1967, de Orlando Pelayo

La Celestina, 1970, de Orlando Pelayo

La Celestina, 1970, de Orlando Pelayo

El detector de verdades, 1972-1979, de Orlando Pelayo

El detector de verdades, 1972-1979, de Orlando Pelayo

Ícaro, 1958, de Orlando Pelayo

Ícaro, 1958, de Orlando Pelayo

Asturias del recuerdo, 1959, de Orlando Pelayo

Asturias del recuerdo, 1959, de Orlando Pelayo