Santa Catalina y Santa Margarita

Santa Catalina y Santa Margarita

Fernando Yáñez de la Almedina (Almedina, Ciudad Real, 1475 -1536)

Fecha de ejecución:

1515-1518

Técnica:

Óleo sobre lienzo pegado a tabla

Medidas:

73 x 57,5 cm

Procedencia:

Adquisición, 2003

El cuadro titulado Santa Catalina y Santa Margarita es obra del artista manchego Fernando Yáñez de la Almedina (Almedina, Ciudad Real, 1475-1536). Fue adquirido por el Museo de Bellas Artes de Asturias en el mercado de París en 2003. Durante los años 2004 y 2005 fue restaurado en el Museo Nacional del Prado y desde entonces está expuesto en una de las salas de la pinacoteca asturiana.

Fernando Yáñez de la Almedina es un pintor del que se desconoce buena parte de su biografía pero que, a pesar de ello, goza de una excelente reputación, al ser considerado como uno de los más exquisitos artistas del Renacimiento español. Buena parte de su prestigio se debe al mérito de haber introducido en la península muchos de los postulados renacentistas de la Italia quattrocentista. En este sentido, artífices como Filippino Lippi, Perugio, Rafael y, sobre todo, el gran Leonardo da Vinci fueron modelos de inspiración para Yáñez durante su estancia formativa en Roma y Florencia. No obstante, quizás sea la huella leonardesca la que más se aprecia en sus cuadros. Ya de vuelta en España trabajó en dos focos, Valencia y Cuenca. Fue, además, colaborador habitual de Hernando de Llanos, cuyas firmas conjuntas han llegado a crear confusión acerca de sus identidades.

La obra que nos ocupa representa a las vírgenes y mártires Santa Catalina y Santa Margarita. La primera de ellas, situada en la izquierda de la composición, aparece representada como una princesa real, es decir, coronada y ataviada con una túnica roja y un manto violáceo. En su mano izquierda porta la espada con la que fue decapitada, al tiempo que con la derecha parece que esté sujetando el manto que la cubre, en un gesto ciertamente exquisito que nos remite al maestro florentino. El lado derecho lo ocupa Margarita de Antioquía, quien viste una túnica roja bajo un manto de color azul. Mientras en su mano derecha sostiene la palma del martirio, a sus pies aparece un dragón con las fauces abiertas que nos remite al relato que aparece en la Leyenda Dorada, en donde se narra que la mártir fue engullida y posteriormente escupida por dicho monstruo tras haber trazado ésta la señal de la cruz; gesto, por otro lado, perceptible en la mano diestra de la santa.

El modelo compositivo utilizado por Yáñez de la Almedina es ciertamente habitual dentro de su obra: personajes de cuerpo entero que comparten en disposición simétrica el mismo espacio pictórico. No obstante, en esta ocasión el canon aplicado a las santas resulta algo más corto y corpulento que en otras ocasiones. Sin embargo, las facciones de las mujeres son plena e inconfundiblemente yañezcas. Ambas figuras son totalmente autónomas ya que, a pesar de que comparten un mismo espacio, entre ellas no se establece ningún tipo de unión o comunicación.

Santa Catalina y Santa Margarita aparecen recortadas sobre un fondo de vegetación que, a su vez, se superpone sobre un luminoso paisaje dominado por un montículo en el que se ubica una ciudadela fortificada en lo alto. Un tipo de composición que nos acerca al norte de Italia y que fue asimilado por el pintor manchego durante su aprendizaje en tierras lombardas.