Destacados. Colección Telefónica comprende una selección de 61 obras entre pintura, escultura y obra en papel. Para esta ocasión, reúne alguna de las piezas más significativas e icónicas de la colección, no sólo por la corriente artística que representa sino por la importancia y la trascendencia de muchos de los autores que están presentes: Picasso, Gris, Fernández, Magritte, Delvaux, Chillida o Tàpies, entre otros.
Las piezas seleccionadas no siguen un estricto recorrido cronológico. Sin embargo, permiten trazar una breve panorámica en torno a alguno de los capítulos más interesantes ocurridos en la historia del arte dentro y fuera de nuestras fronteras a lo largo del siglo XX.
La Colección Telefónica se compone de un conjunto de más de 1.000 obras entre pintura, escultura, fotografía y obra en papel. La creación de este fondo se inicia en los años 80 del pasado siglo con la intención de promover el reconocimiento de una serie de artistas españoles poco representados en los museos estatales. Se adquirieron entonces obras excepcionales de Juan Gris, Tàpies, Chillida, Picasso y Luis Fernández que, a lo largo de las siguientes dos décadas y con propósitos distintos al inicial, se ampliaron y abrieron a otros caminos artísticos.
Destacados. Colección Telefónica es una exposición de la Fundación Telefónica que estará presente en el Museo de Bellas Artes de Asturias desde el 24 de septiembre hasta el 3 de enero de 2021.

(Luis Fernández) Crâne (1958). Luis Fernández. Colección Telefónica.

Blau i dues creus (1980). Antoni Tàpies. Colección Telefónica.

(Chillida) Lurra nº 67 (1985). Eduardo Chillida. Colección Telefónica.

El Programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, bien porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección, bien porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.
En esta ocasión, continuamos celebrando los cien años del nacimiento de Orlando Pelayo (Gijón, 1920 – Oviedo, 1990) a través de la llegada de un conjunto esculturas creadas por el artista asturiano. Para gozar de una imagen completa de su producción escultórica, el Museo de Bellas Artes de Asturias no sólo mostrará alguna de las piezas que atesora sino que contará con otras procedentes de la Fundación Miguel Ángel Lombardía de Arte Contemporáneo.
El conjunto de esculturas creadas por Orlando Pelayo estarán presentes en la pinacoteca asturiana desde mediados del mes de noviembre de 2020 hasta el 31 de enero de 2021.

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Cuando se cumplen cien años del nacimiento de Orlando Pelayo (Gijón, 1920- Oviedo, 1990), uno de los grandes creadores asturianos del siglo XX, el Museo de Bellas Artes de Asturias aprovecha la oportunidad para rendirle un merecido homenaje proyectando una muestra dedicada al artista titulada Orlando Pelayo: exilio y memoria.
Lo cierto es que Orlando Pelayo ya estuvo presente en los inicios de la pinacoteca asturiana que, curiosamente, este año está también de aniversario, pues cumple cuarenta años de andadura. En este sentido, el 19 de mayo de 1980 abría sus puertas el Museo de Bellas Artes de Asturias y, tan sólo quince después, Orlando Pelayo presentaba en las salas de la segunda planta del Palacio de Velarde la exposición Cuarenta años de pintura, 1939-1979.
Otros cuarenta años después, el artista asturiano retorna a este museo a través de una muestra que vuelve a poner en auge a uno de los creadores asturianos más interesantes del siglo XX y de mayor proyección internacional. Lo hará a través de una muestra en la que no sólo estarán presentes algunas de las muchas obras que el Museo de Bellas Artes de Asturias posee sino, sobre todo, por otras procedentes del Museo de Albacete así como de colecciones particulares, principalmente, de aquellas pertenecientes a los familiares del artista.
La exposición mostrará trabajos de diferentes épocas del pintor gijonés: desde pinturas de su conocida serie Cartografías de la ausencia, realizada desde finales de los años cincuenta hasta 1962, hasta otras de las décadas sesenta, setenta y ochenta del pasado siglo, en las que unos personajes espectrales inmersos en ambientes inquietantes característicos del artista darán muestra de su particular e interesantísimo quehacer artístico.
La pintura de Orlando Pelayo, caracterizada por la agilidad, la espontaneidad y la fuerza, con un juego constante entre el color y la materia, supone un ejemplo riquísimo de la pintura de la segunda mitad del siglo XX siendo su autor uno de los exponentes más interesantes dentro del conjunto de creadores asturianos de entonces.

Asturias en el recuerdo (1959). Óleo sobre lienzo, 50 x 73 cm.
La fábrica de loza de San Claudio es un ejemplo paradigmático del avatar de las pequeñas industrias manufactureras, herederas de la tradición artesanal, que alcanzaron un alto nivel de tecnificación, simultáneo al arraigo con el entorno, a través de la marca de sus productos; y que merced a los procesos de globalización que han ido arrasando los ecosistemas productivos locales, van siendo objeto de deslocalización de su actividad y, en el caso de San Claudio, de cierre provocado, probablemente a través de una quiebra fraudulenta, hace ahora una década, después de 106 años de trayectoria productiva.
Como muchas otras industrias, también las instalaciones de San Claudio son triste ejemplo del abandono y el desinterés de las Administraciones por preservar cuando menos la riqueza del conjunto arquitectónico de la fábrica, como elemento de memoria viva de nuestra tradición industrial.
Este proyecto quisiera contribuir a la conservación de la memoria de la fábrica de San Claudio y a través de ella, de la extensa memoria industrial que Asturias atesora, proponiendo al espectador un recorrido físico y emocional en seis actos, uno por cada una de las caras del cubo imaginario en que se sintetizan el pasado y el presente, la prosperidad y la ruina, de esta fábrica emblemática.
Este es un proyecto de reivindicación de la memoria y de reflexión sobre nuestra historia, desde la convicción de que el arte puede y debe ayudar en ese esfuerzo de introspección y análisis crítico, así como en la búsqueda de caminos de reinvención y supervivencia para los entornos donde se produce y manifiesta.
Este es un proyecto de memoria y de esperanza.
“Un mundo sin fronteras crea nuevas fronteras y nuevos secretos. No dejan de crearse fronteras que se vigilan y controlan”.
John Urry, Offshore. La deslocalización de la riqueza

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El programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo aproximado de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente. En algunos casos la elección permite profundizar en aspectos ya contemplados en la propia colección de la pinacoteca y, en otros, permite cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.
En esta ocasión, no será una sino dos las obras invitadas que estarán presentes en el Museo de Bellas Artes de Asturias durante los meses de julio a octubre de 2020. Se trata de dos pinturas del artista Joan Miró tituladas Tête d’homme III (1931) y Tête oiseau (1975), procedentes de la Colección Abanca.
Dos obras pertenecientes a distintos momentos de la trayectoria del artista catalán, quien las realizó con más de cuatro décadas de distancia, y que se presentarán juntas en la segunda planta del Edificio Ampliación dialogando con otros de los contemporáneos de Miró allí presentes.
Tête d’homme III pertenece a una serie de cuatro obras que el artista nacido en Barcelona pintó durante el mes de abril de 1931. Una serie de pequeño formato protagonizada cabezas de gran esquematismo que recuerdan a máscaras y que parece el origen de una segunda serie de más de treinta obras que Miró llevó a cabo ese mismo año.
Por su parte, Tête, oiseaux o “Cabeza, pájaros” es un pintura muy posterior. Pertenecen a una etapa en la que la temática mironiana está protagonizada por figuras humanas, cabezas, astros y pájaros. En ellas, lo grotesco está presente pero también el mundo de la noche y los sueños, evidente en la elección del fondo negro.

Tête d’homme III (1931). Óleo sobre lienzo, 65,5 x 54 cm. Colección de Arte ABANCA

Tête, Oiseaux (1976). Óleo sobre lienzo, 117,2 x 90 cm. Colección de Arte ABANCA
Kely (Oviedo, 1960-2013) fue una pintora que desarrolló toda una trayectoria apegada en su mayor parte a un registro abstracto en donde el gesto, la mancha y el signo de sus primeros cuadros de finales de la década de 1990 dejaron paso a unas obras, las últimas, en que aparece un universo poblado por formas que se encuentran instaladas en un estado de ingravidez y suspensión permanente. Un cierto preciosismo formal de ascendencia Art Nouveau las caracteriza igualmente, al mismo tiempo que un aire orientalizante, tanto en lo que a los motivos se refiere, como en lo que afecta a su decantación compositiva, siempre descentrada y asimétrica.
En este sentido, esta exposición se propone revisar los últimos años de producción de Kely a la luz, precisamente, de su profunda inmersión en el zen, que absorbió con fuerza tras su incorporación a la comunidad de Daidoji, el Templo del Gran Camino y en donde, con el paso del tiempo, llegó a profesar como monja zen bajo el nombre de Hishiryo. No cabe duda de que su acceso y profundización en torno a esta vía de conocimiento y meditación influyeron sobremanera en su forma de acercarse a su propia creación, tanto en el plano de lo teórico y conceptual, como en el propio nivel formal.
La exposición Hishiryo. Siempre es ahora. Últimas pinturas de Kely estará presente en el museo asturiano entre el 28 de noviembre y el 23 de febrero y podrá disfrutarse en la planta -1 del Edificio Ampliación.
El programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo aproximado de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente. En algunos casos la elección permite profundizar en aspectos ya contemplados en la propia colección de la pinacoteca y, en otros, permite cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.
La obra invitada de este tercer y último cuatrimestre es un destacado cuadro de uno de los pintores más importantes del barroco, Jacob Jordaens (Amberes, 1593-1678). Un artista ausente en la colección del Museo de Bellas Artes de Asturias y que conforma junto con Rubens y Van Dyck el trío más brillante de la pintura flamenca del siglo XVII en Amberes.
La Obra invitada, procedente de la Colección Epiarte, lleva por título El bufón, la mujer y el gato. Fue pintada por Jordaens entre los años 1641 y 1645 y tiene una clara connotación moralista.
Maite Centol (Logroño, 1963) presenta para las salas del Museo de Bellas Artes de Asturias un proyecto específico que parte del principio de convertir una propuesta interdisciplinar en el detonante para explorar algunos de los diferentes elementos que componen y construyen el concepto de museo y, en especial, el que lo liga a la idea de lugar para la interpretación del arte desde un punto de vista emocional. Y todo ello a partir de una interacción previa y constante con los propios visitantes.
Se trata del duodécimo proyecto específico que un artista contemporáneo realizada para la pinacoteca asturiana desde que esta iniciativa arrancara en el año 2013.
La selección de obras incluirá instalación, acción, dibujo en papel, registro sonoro y vídeo. Todo ello se desplegará de manera continuada a través de las salas de exposiciones temporales del Palacio de Velarde, así como sobre el propio patio del mismo edificio.
Con motivo de la entrega del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2019 al Museo del Prado, el Museo de Bellas Artes de Asturias en colaboración con el galardonado Museo Nacional del Prado y la Fundación Princesa de Asturias han organizado la exposición Austrias y Borbones: Príncipes y Princesas de Asturias, y Reyes de España para los meses de octubre a diciembre del 2019.
Una muestra en la que a través de nueve obras se pretende hacer un recorrido por lo que ha sido una de las manifestaciones más importantes en el campo de la pintura durante la Edad Moderna: la representación, dentro del retrato, de los distintos Príncipes y Princesas de Asturias, así como de Reyes de España, por algunos de los pintores más destacados.
Cinco de las obras expuestas pertenecen al Museo Nacional del Prado y cuatro al Museo de Bellas Artes de Asturias. Alonso Sánchez Coello, el taller de Velázquez, Juan Carreño de Miranda, Miguel Jacinto Meléndez, Jean Ranc, Henri Antoine Favanne, Anton Raphael Mengs y un anónimo italiano son los nombres presentes en la muestra.
Con motivo de la exposición será editado un catálogo con textos y fichas a cargo de los conservadores del Museo del Prado Javier Portús, Manuela Mena, Leticia Azcue y Juan José Luna, así como del Museo de Bellas Artes de Asturias, Gabino Busto Hevia.


El príncipe Baltasar Carlos (c. 1635), Velázquez y taller. Museo Nacional del Prado.

María Luisa de Parma, Princesa de Asturias (c. 1765), Anton Raphael Mengs. Museo Nacional del Prado.
El Museo de Bellas Artes de Asturias propone para el segundo cuatrimestre del año la muestra titulada Guerrero/Vicente, una exposición co-producida por el Centro José Guerrero de Granada y el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, coorganizada por Acción Cultural Española y en la que colabora el Museo de Bellas Artes de Asturias.
Guerrero/Vicente se configura como una muestra que pone en relación la obra de los dos únicos artistas españoles que formaron parte de una de las corrientes artísticas más importantes del siglo XX: el Expresionismo Abstracto Americano. A este respecto, esta propuesta expositiva tiene como objetivo evidenciar las similitudes y diferencias entre dos artistas que, historiográficamente, siempre han sido tratados individualmente pero que, realidad, presentan múltiples puntos de encuentro. Sus respectivas obras, marcadas por una férrea personalidad artística, mantienen un claro diálogo que funciona como eje vertebrador de esta exposición.
En este sentido, Guerrero/Vicente funciona como un recorrido por la trayectoria profesional de ambos artistas. La muestra parte de una serie de coincidencias que marcaron los años de aprendizaje de los dos pintores. Por un lado, una primera formación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Y, en segundo lugar, la partida a París, cuna por entonces de la vanguardia artística en Europa. Mas tarde ambos se casarían, además, con mujeres norteamericanas, hecho que les motivó a trasladarse a los Estados Unidos. Mientras que Esteban Vicente se trasladaba en 1936, José Guerrero no lo haría hasta 1949. En todo este tiempo, la obra de Guerrero y Vicente habría evolucionado de un primer estadio figurativo que progresivamente se iría diluyendo hasta convertirse en abstracción.
1950 fue, no obstante, el año que marcaría el cambio definitivo en la trayectoria profesional de ambos artistas. En el caso de Esteban Vicente, esta transformación vendría motivada por la exposición Talent 1950, para la que fue seleccionado por Meyer Shapiro y Clement Greenberg. Por su parte, 1950 sería el año en el que José Guerrero se instalaría en Greenwich Village, barrio en el que, por entonces, estaba establecida una importante colonia de artistas. Guerrero pronto contactaría con agentes que lo presentaron a la galerista Betty Parsons. Desde entonces, tanto Vicente como Guerrero se mantendrían fieles a los dictados de la primera generación del Expresionismo Abstracto Americano relacionándose directamente con artistas de la talla de De Kooning, Rothko, Kline, Motherwell, Guston, Newmann o Pollock, entre otros.
A pesar de las diferencias estilísticas, tanto José Guerrero como Esteban Vicente tuvieron una preocupación común por el color. En el caso de José Guerrero ésta se dio muy pronto, y lo hizo en clave de elemento estructurador de la composición. En lo referente a Vicente, dicha inquietud le llegaría más tarde, sin embargo, a finales de 1950 ya comenzaría a investigar sobre el modo de atrapar o fijar la luz, algo que consiguió gracias al color.
La selección de obras de esta muestra, que consta de más de 60 piezas procedentes de cerca de una veintena de museos y colecciones, muestra las carreras paralelas de Guerrero y Vicente centrándose en tres momentos señalados de un recorrido compartido: una primera fase figurativa con paisajes urbanos y rurales; una segunda, en la década de los cincuenta, en donde ambos creadores se meten de lleno en la abstracción; y, finalmente, una tercera etapa, ya en los años setenta, en la que tanto Guerrero como Vicente fueron destilando una voz característicamente propia y representativa de sus respectivos momentos de madurez que les llevaron a asumir la pintura de los campos de color de un modo muy personal en cada caso.
La exposición Guerrero/Vicente, que llega procedente de Segovia, estará presente en el Museo de Bellas Artes de Asturias entre los meses de junio a septiembre de 2019. Con motivo de la misma se ha editado un catálogo que cuenta con un texto principal de Inés Vallejo además de otros introductorias realizados por destacados historiadores y críticos de este país como son Juan Manuel Bonet, Guillermo Solana y José maría Parreño.


Esteban Vicente. Growth, ca. 1951. Oleo sobre lienzo. 121,9 x 114,3 cm. Colección MACBA. Fundación MACBA. Obra adquirida gracias a la Fundación bancaria “La Caixa”

Esteban Vicente. Nuance, 1990. Óleo sobre lienzo. 132 x 162,5 cm. Colecciones Reales. Patrimonio Nacional. Palacio de la Moncloa.

Esteban Vicente. Untitled, 1972. Óleo sobre lienzo. 114,5 x 183 cm. Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, Segovia.

José Guerrero. Black Cries, 1953. Óleo sobre lienzo. 130,5 x 238 cm. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.© Vegap.

José Guerrero. La brecha III, 1989. Técnica mixta sobre lienzo. 195 x 260 cm. Colección Diputación de Granada.© Vegap.

Esteban Vicente. Sin título, 1923. Óleo sobre cartón. 22 x 27,5 cm. Colección Sagrario de Uliarte Vicente, Madrid.

José Guerrero. Paisaje del lago de Thun, 1947. Óleo sobre lienzo. 60 x 80 cm . Colección particular, Madrid ©José Guerrero, VEGAP, Segovia, 2019.

Esteban Vicente. Sin título, 1958. Óleo sobre lienzo. 76,2 x 96,8 cm. Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente. Segovia.

José Guerrero. Presence of Black, 1977. Óleo sobre lienzo. 179 x 126,5 cm. Centro José Guerrero, Diputación de Granada, Granada.© Vegap.