Dentro de uno de los programas más queridos del Museo de Bellas Artes de Asturias, durante los meses de julio a octubre de 2019 una escultura de Jorge Oteiza (Orio, 1908 – San Sebastián, 2003) será la nueva Obra invitada. Se trata de una pieza titulada Desocupación de la esfera. Conclusión experimental nº 2, variante realizada por el artista vasco en 1958 y procedente de la Colección Liberbank.
Como bien es sabido, el Programa La Obra invitada tiene como objetivo traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo aproximado de tres meses distintas e importantes obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, en algunos casos porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección y, en otros, porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.
En esta ocasión, la escultura Desocupación de la esfera. Conclusión experimental nº 2, variante viene a enriquecer el discurso expositivo en torno a los artistas españoles en activo a mediados del siglo XX así como a completar la presencia de Oteiza en el Museo. En este sentido, la pinacoteca asturiana expone un modelo para Cabeza de Apóstol (Basílica de Aranzazu) en la primera planta del Edificio Ampliación que se verá incrementado con la presencia de la nueva Obra invitada.
En lo concerniente a la misma, cabe señalar que resulta un destacado ejemplo dentro de la trayectoria del artista puesto que supuso un importante logro en la investigación que éste mantuvo en torno a la Desocupación de la esfera.
Oteiza inició los primeros estudios de la serie dedicada a la esfera, a la que pertenece la Obra invitada, en 1956. Sin embargo, su importancia se corrobora por el hecho de que el propio artista, dentro de su investigación personal, le otorgó el sentido de “segunda conclusión experimental”.
Desocupación de la esfera. Conclusión experimental nº 2, variante se posiciona como una de las obras clave dentro de la trayectoria de Jorge Oteiza cuyo atractivo e importancia corroboran su presencia como nueva Obra invitada.
Exposición dedicada a la figura de José Zamora Montero (1874-1953), capataz de minas de la Real Compañía Asturiana de profesión pero con una riquísima y, hasta ahora, desconocida obra fotográfica a sus espaldas que será el objeto de la muestra titulada El fotógrafo que nunca existió. José Zamora Montero (1874-1953), presente en el Museo de Bellas Artes de Asturias desde mediados de julio hasta principios de octubre de 2019.
José Zamora Montero emigró a Asturias a finales del siglo XIX movido por el esplendor de la metalurgia del zinc en la región. A este respecto, a pesar de que no se dedicó profesionalmente a la fotografía lo cierto es que Zamora dejó un archivo de más de dos mil fotografías. Algunas de dichas instantáneas serán las protagonistas de esta rica e interesante muestra que el Museo de Bellas Artes de Asturias acogerá en el patio y salas de la planta baja del Palacio de Velarde entre el 25 de julio y el 6 de octubre.
Esta exposición nace de la investigación llevada a cabo por el historiador Juan Carlos de la Madrid (Avilés, 1963) y el archivero Alfonso García Rodríguez (Gijón, 1973) fruto de la cual la editorial TREA ha publicado un libro que lleva por título Fotografía, industria y trabajo. José Zamora Montero (1874-1953). Debido al interés suscitado y a lo valioso del material recopilado, la pinacoteca asturiana ha querido ser partícipe y difusora del mismo descubriendo al público la obra de este interesante y desconocido profesional.
Las instantáneas que conforman esta muestra son, por lo tanto, un documento de primera línea para reconstruir no sólo la historia de la fotografía y las trazas de una industria metalúrgica del momento sino también el perfil, el trabajo y hasta las caras de los trabajadores que a ella entregaron casi toda su vida. Junto a estas fotografías, en la muestra también se podrán contemplar otras instantáneas de índole familiar en donde la intimidad y el entorno de Zamora quedarán al descubierto.

Manuel López Rodríguez.

Juan Sánchez Pérez.
Hoy, en pleno siglo XXI, la tecnología digital permite al espectador “viajar” virtualmente por lejanas ciudades y fascinarse ante los detalles de las reproducciones urbanas de la era digital. No obstante, la atracción por las representaciones de ciudades tiene una larga tradición histórica. De hecho, fueron los primeros experimentos renacentistas con la perspectiva visual los que marcaron el nacimiento del retrato de ciudades como género artístico definido, impulsado desde mediados del siglo XVI por el desarrollo de la imprenta, la curiosidad geográfica y la difusión comercial de los libros de ciudades. En ese panorama de éxito de la imagen urbana en la Europa de la Edad Moderna, las “exóticas” ciudades españolas fueron revisitadas incansablemente, creando un repertorio de vistas urbanas basado en la mirada del otro: el viajero, el editor o el dibujante extranjero.
Para analizar la evolución de la imagen artística de las ciudades españolas desde el siglo XVI hasta la aparición de la fotografía surge la exposición Imago urbis. Las ciudades españolas vistas por los viajeros (siglos XVI-XIX), que se nutre del importante fondo de libros ilustrados de viajes que conserva el Museo de Bellas Artes de Asturias completado con fondos procedentes de la Biblioteca de la Universidad de Oviedo, la colección de obra gráfica de la Universidad de Cantabria, la Biblioteca de Asturias “Ramón Pérez de Ayala”, la Biblioteca de Menéndez Pelayo, Archivo Lafuente y varias colecciones particulares.
A lo largo de más de cien obras (entre libros ilustrados, estampas, acuarelas, dibujos y óleos) se podrán contemplar los pioneros repertorios de vistas de ciudades en el Renacimiento y el Barroco (Braun, Münster, Lavanha, Colmenar, Texeira), para pasar después a los tiempos de la Ilustración (Villanueva, Ponz, Laborde, Bradford, Murphy, Brambrila) y a la nostálgica mirada de los viajeros románticos (Locker, Lewis, Roberts, Gail, Vivian, Girault de Prangey, Pérez Villaamil, Doré). Finalmente, la aparición de la fotografía (Clifford) y los primeros viajes en globo (Guesdon), junto a la expansión industrial burguesa, transformarán la percepción de la ciudad tradicional, completando este viaje visual y literario por la iconografía urbana, un género artístico aún fragmentariamente conocido y que permite -como pocos- pasear por los paisajes históricos.
La muestra, organizada por el Museo de Bellas Artes de Asturias y el proyecto de investigación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (FEDER/UE) “Culturas urbanas en la España Moderna” (universidades de Cantabria y Oviedo), ha sido comisariada por los catedráticos de Historia del Arte Luis Sazatornil y Vidal de la Madrid.

Genaro Pérez Villaamil, La catedral de Oviedo, 1846

Charles Clifford, Vista de la calle San Juan y la torre de la catedral de Oviedo, 1854
Desde el 14 de marzo hasta el 2 de junio de 2019, el Museo de Bellas Artes de Asturias acogerá en la sala 4 del Palacio de Velarde un impresionante retrato del monarca Fernando VII realizado por Francisco de Goya en 1814.
La obra fue encargada por el Consejo Municipal de Santander tras el cautiverio del Fernando VII en Valençay (Francia) y con la intención de ser colocado en la Sala Consistorial, donde residió hasta la muerte del rey, acontecida en 1833. Más tarde, el retrato quedó relegado al olvido durante un tiempo pasar finalmente a engrosar los fondos del Museo Municipal.
En la obra, Fernando VII es representado de cuerpo entero. Aparece vestido de Coronel de Guardias y lleva varias condecoraciones entre las que sobresalen la banda de la Orden de Carlos III y la gran venera de la Orden del Toisón de Oro que pende del cuello.
El rey apoya el brazo izquierdo sobre el pedestal de una estatua que representa una alegoría de España coronada de laurel y con los pechos descubiertos. Junto a ella, el pintor representó varios atributos que permiten identificar al personaje representado: el cetro, la corona y el manto de armiño.
A los pies del monarca el artista representó un león que sujeta unas cadenas rotas entre sus garras simbolizando, con ello, la liberación del pueblo español tras la expulsión de las tropas francesas.
La obra destaca por la viveza de los colores conseguidos por Goya, sobre todo, el rojo del chaleco y el del manto de armiño. Las pincelas presentan una importante carga matérica pese a la cual se consigue, sin embargo, una gran luminosidad por parte del artista.
El Programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, bien porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección, bien porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.
En esta ocasión, la obra de Francisco de Goya viene acompañada por otro retrato de Carlos IV ejecutado por Bernardo Martínez del Barranco en 1789.

Fernando VII realizado por Francisco de Goya en 1814.

Carlos IV ejecutado por Bernardo Martínez del Barranco en 1789.
José Ramón Cuervo-Arango (Gijón, 1947) es uno de los nombres indiscutibles de la fotografía asturiana, cuya proyección se extiende más allá del ámbito nacional. En este sentido, su obra está presente en importantes colecciones de todo el mundo, entre ellas, la Bibibliothèque Nationale de París, el Musée nacionale d’Art Moderne Centre Pompidou (París), el Fotografie Forum Frankfurt am Main, el Centro Studi e Archivio della Comunicazione (Universidad de Parma), la Manfred Heiting Collection (Museum of Fine Art, Houston), la Biblioteca Nacional (Madrid) así como en instituciones y colecciones asturianas tales como el Museo Jovellanos (Gijón), la Fundación Princesa de Asturias o la Junta General del Principado, entre otros. No obstante, éstos son sólo algunos de los muchos lugares hasta los que ha llegado la personal obra de Cuervo-Arango.
Médico de profesión, José Ramón Cuervo-Arango compró su primera cámara hacia 1970. Comenzó entonces un proceso de formación autodidacta que le llevó, ya a finales de esa década, a encontrar su propio lenguaje, especialmente centrado en la interpretación de la luz, verdadera creadora, según reconoce el fotógrafo, de la imagen y esencia de su quehacer fotográfico.
Al igual que muchos compañeros de profesión, Cuervo-Arango ha centrado su atención en la naturaleza, temática que nuevamente estará presente en esta exposición que aglutina obras de sus todas sus etapas creativas.
A este respecto, para el fotógrafo la naturaleza resulta una fuente inagotable de inspiración, repleta de significado, misterio y, como no, disfrute. A través de ella y, por supuesto su captación fotográfica, el artista logra ya no sólo mostrar sus emociones sino, sobre todo, darle forma a las mismas.
La muestra titulada Mi paisaje, presente en el Museo de Bellas Artes de Asturias desde el 7 de marzo al 5 de mayo de 2019, presenta un nutrido número de fotografías del artista gijonés, con más de noventa instantáneas que, guardando su esencia habitual en blanco y negro, nos proyectaran el amor del fotógrafo por la Fotografía.

José Ramón Cuervo-Arango, Cerezales del Condado, León 2017

José Ramón Cuervo-Arango, Florestan y Eusebius, 1997
El artista asturiano Francisco Velasco (Pelúgano, Aller, 1955) presenta por tercera vez su obra en el Museo de Bellas Artes de Asturias. En esta ocasión, se trata de un proyecto específico creado para las salas y el patio del Palacio de Velarde titulado Litomorfologías: Almas Negras (III).
Francisco Velasco expuso por primera vez en el Museo en el año 1983. En aquel momento, la muestra estuvo compuesta por varias pinturas. Diez años más tarde, el artista allerano volvía al Museo aunque en dicha ocasión ya lo hacía con obra gráfica, medio que Francisco Velasco domina a la perfección y en el cual sobresale como una de las principales figuras del actual panorama asturiano.
Esta tercera muestra recoge una cuidada selección de sus estampas más recientes. El conjunto de las mismas comparte tres premisas que resultan fundamentales para acercarse y entender la obra de Velasco.
Por un lado, la litografía como técnica de partida que, a su vez, es combinada con otros procedimientos gráficos como la impresión digital, el grabado en relieve o la serigrafía. En segundo lugar, Francisco Velasco utiliza el papel como soporte principal y casi exclusivo de la estampa. Finalmente, el tercer punto a destacar es la utilización del color negro en sus múltiples gradaciones y matices. Un color que, como se puede comprobar, actúa como nexo conceptual y formal.
Si atendemos a la temática comprobaremos como la mayor parte de las obras se refieren a problemas y situaciones sociales complejas así como a la actual toma de decisiones políticas. Hechos, todos ellos, reflejados en los títulos de las obras.
En este sentido, un primer grupo temático se engloba dentro de la serie titulada Migraciones. En ella, a través de la representación de figuras humanas poco perceptibles que se mimetizan con el fondo oscuro y son representadas de forma aislada, como vagando sin rumbo, el artista pretende mostrar el drama social en el que viven. Dichas figuras aparecen inmersas en franjas y espacios de geometría irregular, entre secuencias cromáticas y rítmicas de blancos y negros, en busca de alguna luz. En otras ocasiones, se transfieren unos personajes silueteados linealmente e inmersos en fondos de exuberante tensión y complejidad donde dialogan lo opaco y lo transparente.
Las obras de esta serie forman polípticos que, intercalados con poliedros, buscan romper la bidimensionalidad de las estampas tradicionales, erigiéndose como una suerte de metáfora de la ruptura con el pasado.
Una de las partes más reseñables de esta muestra es la instalación Europa-Europeos: duelo a garrotazos, en clara alusión a la obra de Francisco de Goya, compuesta por 352 latas que, en su variado colorido, funcionan como contrapunto cromático del resto de las obras. En ella encontramos una mención rotunda a la actualidad y, por extensión, un sesgo político-social.
Siguiendo esta línea expositiva, la instalación titulada Retablo reflexiona sobre los apantallamientos visuales (pantallas digitales) que, en la actualidad, sustituyen a las antiguas iconografías de los retablos pero con el mismo deseo de adoctrinamiento.
Un segundo grupo de obras responden a planteamientos formales y conceptuales más acordes con la tradición abstracta del artista a lo largo de su trayectoria. A ella pertenecen obras como M-22 y L-323-S en donde una abstracción de corte simbólico toma el protagonismo.
Finalmente, por su despliegue e impacto visual, resulta indispensable citar la instalación que ocupa el patio del Palacio de Velarde titulada Ventolera y que reúne un total de 315 figuras realizadas sobre láminas de poliéster serigrafiadas y posteriormente troqueladas a partir de una litografía original.
La estructura y montaje de esta instalación se disponen a partir de las estampas serigrafiadas que emergen desde el suelo y se elevan, simulando una corriente de aire, hacia lo alto donde se transmutan en forma de pájaro.

Francisco Velasco, Migraciones L-322-Q, 2018

Francisco Velasco, Migraciones L-319, 2018

Francisco Velasco, Migraciones M-22, 2018

Francisco Velasco, Migraciones M-24, 2018

Francisco Velasco,, Migraciones Retablo M-25, 2018
Desde 1987, el Museo de Bellas Artes de Asturias comenzó a formar su colección de artes industriales y decorativas. De aquella primera labor en el estudio y difusión de esta clase de patrimonio basta recordar la reivindicación de la gran fábrica vidriera La Industria, motor del resto de artes industriales gijonesas y asturianas durante más de 150 años.
Fruto de la misma intención, y en apenas treinta años, la sección de artes industriales y decorativas del museo fue creciendo y ensanchándose en distintas direcciones hasta la situación actual, con más de 2000 piezas de cerámica industrial española y extranjera (lozas y otras cerámicas desde el siglo XVIII al XXI), unos 1200 vidrios mayoritariamente asturianos, 500 planchas de cobre con decorados ingleses para la estampación de lozas (procedentes de la fábrica sevillana de San Juan y donadas al Museo por la fábrica de San Claudio) y un resto heterogéneo de piezas de todo tipo que son las ahora aquí presentadas.
En este fondo nos encontramos tanto con juguetes, botellas, ladrillos, muebles, armas, así como con cubiertos de plata y otros trabajos de metalistería, artes gráficas, documentos comerciales y fotografías. Se trata, todos ellos, de genuinos representantes de la historia contemporánea de Asturias.
LUGAR: Casa de Oviedo Portal, Primera planta (Salas 15 y 16).
El Programa La Obra invitada tiene como misión traer al Museo de Bellas Artes de Asturias durante un periodo de tres meses destacadas obras procedentes de coleccionistas particulares o de otras instituciones nacionales e internacionales que contribuyan a reforzar el discurso de la colección permanente, bien porque permitan profundizar en aspectos ya contemplados por la colección, bien porque permitan cubrir lagunas que en ella puedan detectarse.

Luis Fernández. Portrait (Retrato), c. 1934-1935. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
El personaje representado fue compañero de trabajo de Luis Fernández así como coleccionista de su obra y protagonista de otras. En este sentido, el Museo de Bellas Artes de Asturias conserva una pieza en la que Szwarc vuelve a ser retratado por el pintor asturiano. Se trata de una anamorfosis, pintada por Luis Fernández entre 1934 y 1936, en la que aparece la misma figura, dispuesta de igual manera y con idéntico instrumento entre sus manos, con la única diferencia, además de la contracción longitudinal del espacio pictórico, de una mayor intensidad de la paleta cromática.
Estampas de Francisco de Goya en el Museo de Bellas Artes de Asturias es la sexta exposición que se celebra en el Complejo Cultural As Quintas de La Caridad con fondos procedentes de la colección del Museo de Bellas Artes de Asturias.
La muestra Estampas de Francisco de Goya en el Museo de Bellas Artes de Asturias propone el análisis de una de las facetas más conocidas y trascendentales de la producción del artista como fue la de grabador.
Desde las críticas y populares imágenes de los Caprichos y los Disparates hasta las más raras y singulares estampas de viajes y sus obras finales, pasando por las tempranas copias de Velázquez, la selección de grabados que conforman esta exposición invitan al espectador a adentrarse en el genuino mundo creativo de Francisco de Goya, uno de los grandes pintores de la historia del arte y, por supuesto, uno de los más interesantes grabadores de todos los tiempos.

En el jardín es un proyecto específico creado por el artista Javier Victorero para las salas de exposiciones y el patio del Palacio de Velarde.
La muestra reúne un conjunto de obras realizadas por el artista en los últimos años a través de las cuales busca establecer una analogía entre el arte y jardín pero, también, entre el pintor y el jardinero. Dos mundos entre los cuales se establece un punto de encuentro: la capacidad de ambos de ordenar. Así, al igual que el artista ordena el caos con su trabajo el jardinero logra contener la naturaleza salvaje con el suyo en el jardín.
Se trata del décimo proyecto específico de un artista contemporáneo que se realiza en el Museo de Bellas Artes de Asturias desde el 2013. En esta ocasión, En el jardín reúne un conjunto de obras realizadas por Javier Victorero en los últimos años a través de las cuales el artista trata de establecer una analogía entre el arte y el jardín así como entre el pintor y el jardinero. La capacidad que tiene el arte para ordenar el caos, de la misma manera que el jardinero consigue contener la naturaleza salvaje en su jardín, es la característica principal que relaciona ambos mundos.
En este sentido, la elección del jardín como recinto cerrado en el que experimentar las potencias del alma, inscribe la obra de Victorero en una tradición cósmica, metafísica y mística.A través de su trabajo, el pintor proyecta una idea de la pintura y del jardín como lugares de reflexión y experiencia íntima, y donde términos como abierto/cerrado, dentro/fuera, limitado/ilimitado y grande/pequeño, que se definen por oposición mutua, pueden ser integrados a través de su vivencia simbólica y poética en una nueva realidad que los incluye unidos, superando la lógica lingüística a través de la experiencia estética.

Javier Victorero es una de las figuras más importantes de la pintura asturiana de los últimos años. Además de haber recibido el elogio de importantes críticos, Victorero ha sido seleccionado en los principales certámenes españoles obteniendo, entre otros, el Premio de la Junta General del Principado. Su obra está presente en importantes colecciones públicas y privadas.
La muestra, que estará instalada hasta el próximo 23 de diciembre, aglutina una veintena de pinturas, varias cerámicas, obra escultórica y sonido. Toda una experiencia para adentrarse en el mundo coincidente del arte y el jardín.